viernes, 30 de julio de 2010

El Copo. Estambul


Para la gente de la mar entrar y atracar en el puerto de Estambul es una manifestación sagrada. Ese ir y venir de barcazas, barquitos, barcos, cruceros de un lugar a otro creando estelas en el cerrado Bósforo es un homenaje a la vista que no desaparecerá nunca de nuestra visión. Si pueden, no lo duden, lleguen a la ruina por entender lo que quiero decir. Carmen y Elena alucinaban en su contemplación.

Cualquiera de los nombres que ha ostentado esta ciudad huelen a pura historia, porque sí el nombre de Estambul es una maravilla, no lo son menos los que ostentó hace siglos, Bizancio y Constantinopla. Romana, bizantina, otomana o turca, toda ella es un conjunto seductor de cosmopolitismo maravilloso.

Nada debe pasar desapercibido al tráfico cotidiano de sus habitantes y visitantes. Dividida en dos partes por el Bósforo, como granada que crujimos en nuestras manos, Estambul divide y une a Europa y Asia.

Ya saben que sus monumentos más visitados son la Iglesia de Santa Sofía y la Mezquita Azul, siendo el Gran Bazar el más popular de todos por ese conjunto de miles de tiendas y tenderetes donde se vende hasta el alma si fuese necesario para comerciar con su salvación.

La multitud se convierte en un simple singular en Estambul. Todo es plural, hasta la singularidad de ese zoco de trato encubierto en todas las acciones que se realizan en su seno. Igual que me encanta la soledad de la vieja terraza donde el ficus asoma sus hojas, me agrada el batiburrillo de gentes en busca de todo y de nada, porque ahí, en ese torbellino humano y trashumante, también encuentro otra extraña soledad, esa que me hace ser diferente y no fotocopiado.

Las manos me sudaban y las de mis nietas resbalaban y parecían desengancharse de mis garfios. Pensé en la bulla donde podía perderse cualquiera de ella, y sorteaba y sorteaba el escandaloso desvarío de tanto ir y venir.

-Tranquilo, sonrió Sandra. Aquello creo que fue una percepción, pero vino a ser como un soplo de valium-5 que agradecí.

Ya en el Zenith, jugué una módica cantidad en la ruleta al 32 y vecinos. Salió el 0, vecino del 32, y cobré. Dormí como un bendito.

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jueves, 29 de julio de 2010

El Copo. Esmirna


Entre las siete ciudades mencionadas en El Apocalipsis de San Juan, Esmirna, tercera localidad turca en número de habitantes, es una de ellas. Poco más podemos decir de esta cosmópolis, aunque en sus alrededores existen dos lugares que reciben miles de visitas: la llamada Casita de la Virgen y las ruinas de Efeso, ambas de hondas raíces cristianas.

La Casita de la Virgen es un lugar de peregrinación cristiana. No podemos decir Historia, pero es leyenda cristiana que tras la crucifixión de Jesús de Nazaret, Juan el Evangelista trasladó a la Virgen María a esa especie de valle donde vivió hasta que fue asunta a los cielos.

Efeso, sus ruinas son admirables, lugar donde se edificó el templo de Artemisa, diosa con múltiples pechos que volcaban su saber a toda la ciudadanía, debe su barniz cristiano a que entre sus calles vivió durante dos años Saulo de Tarso y fue allí, donde, además de otros “cartas”, escribió la Epístola a los efesios que ocupa un lugar preferente en el Nuevo Testamento. Tenemos que mencionar la más antigua biblioteca que se conoce, la del ciudadano Celsus, antítesis de vuestro Delegado de Cultura Municipal de Málaga señor Miguel Briones, hábil destructor de libros nacientes.

Como ya conocía de otro viaje estos lugares, me escaqueé de vírgenes y artemisas. Además, la noche anterior, en la mesa de blackjack, por cierto que me fue bien, sabía que Sandra iba a dedicar el día a relajarse en la cubierta del Zenith y a dar una vuelta por las inmediaciones del puerto de Izmir.

Me vestí de lujo, o sea, sin camisetas con leyendas, y una vez que los autobuses se habían marchado, salí a su encuentro en la cubierta de estribor.

-¿Salimos a dar una vuelta por el puerto?
-Pues claro, insinuó más que contestó. Vista a plena luz del día, sin humo y focos de la mesa de blackjack, tenía el atractivo propio de la naturaleza que todos deseamos poseer por un instante.
-Y eso de ser arqueóloga, cómo se lleva.
-Exactamente igual que tú llevas lo de ser y ejercer de abuelo, dijo, al tiempo que sorbía un té en el que la hierbabuena depositada en el vaso envidiaba el verde de sus ojos.
-Estamos jugando con fuego ¿no?
-No, estamos simplemente jugando. Me encantan tus manos, me dijo.
Se las entregué, las acarició y todo se convirtió en una abierta plegaria de amor.

Tuvimos toda la tarde para desplegar la lona del juego. Y el amor acampó entre nosotros. ¿O fue un sueño?

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miércoles, 28 de julio de 2010

El Copo. Rhodas


La camiseta que me puse para desembarcar en Rhodas tenía otra leyenda diferente a la de ayer. En la parte que cubre mi debilitado tórax se lee: Elena es… y en la espalda … la hermana de Carmen. Cuando llegué al tropel de cruceristas haciendo cola para desayunarse todo aquello que cabía en las bandejas, un aplauso cerrado de buena parte de los hambrientos, orquestado por Sandra, consiguió ruborizarme.

Pasear por la isla de Rhodas, la perla del Dodecaneso, es deslizarse por la codicia histórica de un lugar a medio caballo del Este y Oeste y a tiro de piedra de la mágica Turquía. Como bella prostituta, sin necesidad de contactos en prensa, Rhodas ha pasado por manos de dorios, jonios, espartanos, Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, Solimán el Magnífico, italianos, alemanes y británicos, hasta que después de la II Guerra Mundial pasó a manos de la actual Grecia.

En Rhodas hay que saber perderse, acción difícil de realizar en cualquier lugar del mundo. Eminentemente turística, en esta isla puedes encontrar todo, menos a ti mismo. De ahí la necesidad de extraviarse, pues si no, aunque con sabor y aroma a historia puedes llegar a creerte que te encuentras en El Corte Inglés.

Las niñas disfrutaban de lo lindo probándose toda clase de gorros clásicos y babuchas para todos los gustos. Quedamos en vernos para comer cualquier cuchufleta propia del lugar. Hasta tanto, me las piré por un dédalo de callejuelas que conducían a las entrañas de la normalidad, o sea, de la pobreza.

En uno de esos vericuetos me encontré con ella. Blusa pálido verde desbotonada a la altura justa donde la imaginación entra en ejercicio, pantalón blanco ajustado que insinuaba una lúdica conjunción de piernas, con tirante cabello negro y unos labios que percibí glotones con perfume a melocotón.

Nos saludamos con un par de besos en las mejillas, eso sí, bien estampados, y comprendí que había química. Charlamos de cosas intranscendentes y nos despedimos con un beso furtivo, quiero decir que hubo un mínimo roce en la comisura de los labios, lo suficiente.

Quedamos en vernos por la noche en la mesa del blackjack, pero pasamos más tiempo acurrucados en cubierta.

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martes, 27 de julio de 2010

El Copo. Santorini


Sales del camarote ataviado de turista, ya saben, calzón corto, tenis, ancho sombrero, esa especie de cartera que te estrangula el cuello y una linda y discreta blanca camiseta con dos leyendas. En la parte delantera, se lee: Soy… y en la trasera se da la respuesta, a saber, …el abuelo de Carmen. Queda bien, porque el personal te mira de frente y se pregunta ¿quién será?, cuando leen la respuesta, una sonrisa florece en sus labios. No me atrevo a decir que en mi vida paso haciendo el bien, pero sí obteniendo sonrisas si el que te lee o escucha tiene un mínimo de ironía, ese humor propio de los inteligentes.

Aquí la gente desayuna tres o cuatro veces, o más. Yo no me salgo del vicio trinitario: zumo de naranja, pan con aceite y un café que aquí es un pucherete sin estridencias.

Santorini es la joya de las Cícladas amada y codiciada por fenicios y dorios hasta que en el 1500 antes de Cristo, la explosión de su volcán la convirtió en manifestación azul y blanca que mira al precipicio del hueco dejado por la Naturaleza. Y Oia, ese mirador natural que atrae y embruja, como me pasó anoche con Sandra: ¿qué deseará?

A lo alto del cielo de Santorini, tras desembarcar en barcazas, se sube a lomos de burros o en un funicular. Cualquiera les quitaba a las niñas el montarse en el burrito y cualquiera me convencía a mí de que no lo hiciese en el funicular. Lo importantes es el encuentro, aunque los caminos sean diferentes. Y nos encontramos.

Un consejo. Si alguna vez desea degustar un buen pulpo asado no dude en ir al pequeño puertecito de Armeni.

Ya en el Zenith, aseados y ataviados como personas, pasamos los seis al comedor. Algún día, si no me olvido, intentaré explicar la ceremonia de las cenas en un crucero.

Ellos se fueron al teatro y yo opté por el pequeño casino y una de las mesas de blackjack. Me entretengo, fumo, no me juego las pestañas y, como buen optimista, pienso que puedo ganar.

Percibí el verde de sus ojos en mi nuca, pero permanecí impasible. Se sentó junto a mí y susurró: -Hola, abuelo.

Doblé y gané.

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lunes, 26 de julio de 2010

El Copo. Desde El Pireo


Tras los mil recovecos que suponen salir de La Antilla (Lepe) y estar en la borda del Zenith contemplando el parpadeo de las lejanas luces de Atenas, supondrán mis 88 lectores que uno no está para mas floritura que embarcarme con ustedes en un crucero de ficción, niñez e intentar pasarlo muy requetebién con mis nietas Carmen y Elena; con el resto también, pero son ellas las designadas como milagro de mi ilusión.

Atenas, ya ven, la cuna de la democracia. El lugar sin dogmas, por tanto sin religiones. La antigua Atenas, la cuna de los poetas, el mecimiento de los mitos, la fortaleza de los dioses. Cada dios la consecuencia de un poema, de un relato, de una ficción.

Sócrates, Aristóteles y Platón, la santa trinidad humana que nos ha legado todo el pensamiento que sigue existiendo. Ningún ser más ha obtenido de la nada tanto manantío como ellos. Todo saber es una vuelta a ellos, a los clásicos, a los que fueron capaces de extraer desde las entrañas del vacío del conocimiento el qué, porqué y cómo debemos enfrentarnos a la vida.

Pasé de babor a estribor. Encendí pausadamente un cigarrillo y disfruté del encuentro del humo expelido con el olor a salitre de todo lo que me rodeaba. –Me da fuego, por favor.

Era bella como una diosa, aunque al no haber visto jamás a una diosa tampoco lo puedo afirmar de modo contundente. Le pasé el mechero. –Gracias, viene al completo con toda la familia.

-Pues sí. ¿Y usted?
-No, yo vengo como hay que venir a estas aventuras de piratas.

Tenía los ojos verdes y no más de esa edad en que todas las mujeres tienen algo de apetitosa.

-Me llamo Sandra y a ti te conocen por yeyo, pero cuál es tu nombre.

Sonrojé. Se lo dije. Se había hecho la hora de cenar.

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sábado, 24 de julio de 2010

Que Dios se apiade de mí


El viejo apartamento ha sido ocupado por diez nuevos inquilinos. Han llegado de sopetón. Han venido para irse y llevarme, llevarnos. Aquí se quedan, debidamente atendidos, Limón, Kiwui, Melocotón, Fresa, Almíbar y Merenguito. Cuatro “inseparables” y una novia, Almíbar, que han traído para Limón que, según mi parecer de patriarca, no está ya para ningún trote.

El resto, ya saben, dos regalos: mis nietas Carmen y Elena, una manifestación sagrada, mi hija Rosamary, y un buen hombre amante de la Naturaleza, Manuel, que ustedes supondrán es el que ejerce ese nombre tan feo de yerno.

Y decía que han venido para llevarnos a otros lugares. Cosas de trenes, aviones, grandes barcos, islas griegas y Estambul. Según mis previsiones, hago la señal de la cruz, cuando usted lea estás líneas nos encontraremos en el puerto de El Pireo (Atenas) embarcados en una localidad flotante de nombre Zenith.

Aunque para llegar hasta ese fin del mundo, un servidor de ustedes se habrá encomendado a todos los santos, incluidos Zapatero y Rajoy. Y es que me echo a temblar, palabra de honor, ante esos eternos tránsitos, porque, el menda, en saliendo del Gran Vía, ya saben, y calle Mármoles, se hace un lío de mucho cuidado.

Supongamos -vuelvo a hacer la señal de la cruz y mando al demonio a tomar por donde mi amigo Chema hubiese dicho- que todo sale bien. Qué hacer entonces, ¿sigo escribiendo mis artículos o les voy contando mis aventuras y desventuras?, quizás ustedes deseen descansar de este maníaco escritor, pero yo, como dice la gente de mi barrio, no me hallo sin sobar las teclas de un ordenador. Pero tampoco sé de la posibilidad de poder hacerlo en el barquito de marras.

De manera que lo mejor será que lo dejemos a lo que Dios quiera. Estoy cayendo en la cuenta, lo que son las cosas, que estos artículos que escribo a diario, más que opiniones, conforman una especie de novela autobiográfica, pues se va estableciendo una complicidad entre el escritor y el lector.

Ea, ya veremos en lo que queda todo. Tendrán ustedes noticias, no lo duden.

viernes, 23 de julio de 2010

Póker


A cerca de cuatrocientos kilómetros de mi lugar de residencia, una de las cosas que más hecho de menos es mi partida de póker de los sábados. Desde siempre se ha jugado, algunos las pestañas y otro las lentejas. La vida es un juego constante. De aquel SÍ que se dio en una ocasión o del NO que se pudo dar nos hemos jugado, a veces, hasta la propia felicidad. Por un buen mordisco a una manzana, aquellas metáforas de Adán y Eva se jugaron el lúdico Paraíso Terrenal que, de ser cierto, lógicamente yo no me lo creo, debería haber sido una bendición de Dios.

La puñetera Hacienda se embolsa una inmensa cantidad de euros por las ganas que tiene el gentío de que la suerte le sonría. Se juega a todo: maquinitas, cupones, cuponazos, lingotes de oro, primitivas, bonolotos, blackjack, bacarrá, tute, julepe, parchís, a hacer el amor, giley, dados, ruletas francesa y americana, a los chinos, a cara o cruz y a saber la biblia en verso, pero nada es comparable con una buena partida de póker entre amigos que, en el momento de empezar a barajar la 818, se convierten en enemigos. Todos me quieren ganar y yo deseo hacer lo mismo con todo ellos. Y a veces, lo consigo.

Nosotros jugamos al póker póker y no a ese descafeinado que se juega en los campeonatos televisados y que es un puro entretenimiento de chicha y nabo. Lo nuestro es el descubierto con el 8, 9, 10, J, Q, K y As. Tus dos cartas boca abajo y otras cinco descubriéndolas con la parsimonia litúrgica de la ceremonia, una a una hasta llegar a la última donde las cosas se clarifican, las caras mudan de color, los tacos florecen como brotes verdes y las fichas van cambiando de lugar.

Una buena partida de póker, la nuestra dura cuatro horas, es algo más que un orgasmo, porque este pasa rápido y puede dañar al lumbago. Nuestra partida de póquer es un masaje cerebral de cuatros horas de duración, donde no se permite hablar de política y problemas, a lo más, un taco que se agradece.

Aunque a veces pierda, las menos, siempre gano. Mañana echaré de menos a Manolo, Eduardo, Chema, Ismael, Carrasco, Paco, Luciano y Pablo.

Volveré y os machacaré. Al tiempo.

jueves, 22 de julio de 2010

PNV, BBK, Iglesia y Zapatero


Por este lugar donde el viento silba nácar, en la llamada Casa del Palo, lugar que con la Torre del Catalá, sirve de referencia a los pescadores aficionados para encontrar un roqueo en el que yo, con mis propios ojos, he visto pescar un congrio que medía más de metro y medio, y con el que más tarde nuestro amigo Patro nos hacía un caldo marinero que nos chupábamos los dedos, pues bien, en dicha casa habita un hombre sabio que sabe de todo y lo comunica mucho mejor que cualquiera de nuestro políticos y políticas.

Cuesta trabajo llegar hasta ese lugar donde la lechuza, símbolo de la sabiduría, se cobija de los ataques de los que no ven más allá de sus propias narices, multitud infinita. Como ayer existía una bajamar atractiva y lujuriosa que incitaba a un largo paseo, me coloqué un legítimo sombrero de Panamá, calcé mis delicados pies con algo apropiado para salvarlos de la jodida ataxia y coloqué en la correa del corto calzón una cantimplora de las de antes.

En la puerta de la humilde casa, abierta por supuesto, había colgada una pequeña nota en la que se leía: vuelvo a las doce, estoy cogiendo cangrejos en el río Piedra. Traspasé el umbral, tomé acomodo en una rancia butaca, cogí un libro de Pessoa, lo abrí al azar y esperé la llegada del Manteco que es como lo conocen por aquí aquellos que creen conocerlo.

Como él sabe de mis preocupaciones por lo andaluz, en cuanto me vio, tras un rudo apretón de manos, empezó a hablar del negocio de los votos, las Cajas y la Iglesia. A esta última tan sólo le dedicó un dardo evangélico: no se puede servir a Dios y al Dinero, y punto. Durante el pasado debate del Estado de la Nación, los señores Elkoreka y Zapatero, pactaron la prostitución de la política en una farisaica declaración de amor: tú me das y yo te doy. Tú le das a nuestra Caja BBK, “propiedad” del PNV, Caja Sur y, a cambio, yo te apruebo los Presupuestos de 2011, y otro punto.

Intenté comentar algo, pero me aconsejó lo siguiente: “déjate de paridas de olivos andaluces, y cuando relates lo que te he comentado cambia mi nombre y el lugar de encuentro.”

Pues, lo que son las cosas, podría llevar razón el Manteco.

miércoles, 21 de julio de 2010

El olivo: metáfora de Andalucía


El olivo es nuestra principal señal de identidad. Lo del palo de golf es importado. Por el olivo, vamos. Por el palo, vienen. La noche andaluza está llena de aceitunas y quieren mermar esa hermosa visión.

El olivo es la eucaristía andaluza, el pan y el vino de un pueblo que resucitó a su sombra, vareando su cuerpo sin hacerle daño. Andalucía nunca le hizo daño a nadie. El olivo es bastante más que la bandera y el escudo de un pueblo: esencialmente el olivo es el pueblo andaluz, y el que lo varea, acariciándolo, era el prototipo de la estirpe andaluza, el que nos emparenta con toda nuestra historia y cultura, el condón umbilical que nos aproxima al auténtico andalusí, el jornalero.

Los fondos europeos son la limosna rica con toda la parafernalia del errante euro, comisarios, eurodiputados, que se reúnen y viven, mientras él, no yo ni usted, sino el jornalero malvive con la cáritas del PER y unos jornales disfrazados de sumisión y vergüenza.

Pedid Tierra y Libertad. Cantamos y cantamos sin saber qué cantamos. Todo aquello de reformar las tierras latifundistas quedó en pura palabrería o en hermosas notas musicales. Borremos esa estrofa de nuestro himno. Izquierdas y derechas apoltronadas en los aledaños de la bolsa de Judas, escondidas en los maletines de las comisiones, aquiltranadas por el vil metal, achicharradas por los boletines de la Junta y del Estado, enriquecidas por las aves de rapiña; aquella utópica reforma agraria, decía, símbolo de un pueblo que quiso ser pero se recostó en la siesta de la indolencia, ha dado paso a un páramo de sumisión extrema.

Pedid Tierra y Libertad. Sea por Andalucía Libre. Blasfemias que cantan nuestros políticos. Que somos universales, nos dicen y se recrean en ello. Sea por Francia, EEUU, Portugal, Grecia e Italia. Nos engañan.

Sin techo propio, tan sólo el de los olivos, nos van a robar su esquilmo para que veamos sin problemas el universo.

Adiós, utopía.

martes, 20 de julio de 2010

Al señor Rajoy, con respeto


Señor Rajoy: vaya por delante que no le he votado en 2004, 2008 y tampoco a su oponente señor Zapatero. Pertenezco a la prehistórica saga de diputados que confeccionamos, votamos y presentamos al pueblo español la Constitución de 1978. Pertenecí a aquella extinguida formación que intentó comandar Adolfo Suárez. La ruta dubitativa que respecto al Referéndum de Andalucía tomaron los prohombres de UCD, hizo que dejara sus filas y terminase, junto a Manuel Clavero, en el pintoresco Grupo Parlamentario Mixto donde también se encontraban, entre otros, diputados como Blas Piñar, Fernando Sagaseta y J. María Bandrés. En aquel conglomerado de distintas y extrañas sensibilidades nos cogió de sopetón el Teniente Coronel Antonio Tejero. Tras un breve tiempo, aunque intenso, pasé por la utopía del PSA, y más tarde me retiré a los cuarteles de la poesía, la literatura y el periodismo. Y en ellos sigo.

He seguido, con el interés propio de todo ciudadano preocupado por los problemas de los ciudadanos el debate sobre “el estado de la Nación” que, por cierto es deplorable, no el debate, sino el estado.

Sin entrar en el variopinto debate de hace unos días, lo más importante, apreciación muy personal, fue la invitación que hizo usted al Presidente para que disolviera el Parlamento y convocara elecciones generales. E igual de relevante fue la contrapropuesta que le hizo él en el sentido de que presentara usted una Moción de Censura.

El hecho de que la tenga perdida de antemano no es cortapisa para que le eche valor al tema y goce de la oportunidad de ser el verdadero protagonista en el Congreso. Tendrá tiempo de sobra para mostrar al pueblo, sin complejo alguno, su percepción real de España: sistema educativo, política energética, igualdad entre los ciudadanos que habitan las distintas comunidades autónomas, sean éstas regiones o nacionalidades, la problemática de la interrupción voluntaria del embarazo, las desigualdades económicas entre los diferentes Cuerpos de Seguridad del Estado, su visión de la Constitución como corpus jurídico que sustenta al Estado español, posible reforma de la Ley Electoral, supresión razonada de varios Ministerios, temas básicos concernientes a la Justicia, puesta en marcha del Recurso Previo de Inconstitucionalidad, medidas reales para superar la crisis económica, etc.

Señor Rajoy es usted un privilegiado. Hable no para vencer, menos aún para llevarse a su terreno la voluntad de los Grupos Parlamentarios, hable claro, mirando a la cámara, y con ello sabiendo que es el pueblo español su único receptor.

Seguro que no vencerá, pero pudiera ocurrir que, si baja usted a la problemática real, convenza al pueblo. De eso se trata, de que sea capaz de incrustar en el corazón y cerebro de la ciudadanía que es usted un estadista de talla.

Con un correcto afecto.

lunes, 19 de julio de 2010

Un bucle de poesía


Con mis cuatro trozos de depresión, cogí Habitación en Arcos, un hermoso libro de poesía del gaditano Antonio Hernández, subí al viejo Toledo y me la jugué camino de Sanlúcar del Guadiana. El motivo no era otro que huir del pesado ficus que últimamente se entromete demasiado en mi vida y demostrarme a mí mismo que soy capaz de valerme por mí mismo en un momento dado.

Ya había vivido otros años las riberas del Guadiana, río fronterizo dicen lo humanos. Almorcé poca cosa, sostuvo mi cuerpo cuatro o cinco vueltas por ese deleite de entrañables callejuelas y me introduje en el paisaje de la comarca. Arrastré mis años por un sendero que me llevó de bruces a la frágil contemplación de una cigüeña en permanente vigilia de sus polluelos, algo parecido a la mirada de mi madre que, tras una humilde ventana, seguía mis pasos. Cuando volvía la vista, los blancos visillos caían con ternura; creo aún percibir su mirada.

Comprendí, en una ráfaga de musas incontroladas, que no existe paisaje exterior sin la vivencia del laberinto interno de cada uno de nosotros. Alumbré lo que tenía de desierto con la sombra del recuerdo. Sombra y luz arbitraron una pizca de vida, y creo que hasta la cigüeña conjugó una nueva caricia a sus polluelos.

Un cigarrillo y una mirada al azar a Habitación en Arcos me trasladaron a una nueva meditación. Leí: “Yo te he visto crecer, ciudad, dentro de mí./ Crecer todos los días desde el alba naciendo,/ a esa hora que es fuente en el espacio,/ cuando el cielo era urdimbre/ de candela que puja entre las sombras/ parece clamar algo con respecto al secreto…”

Sólo crece lo que se alimenta. La imaginación en poesía está en peligro. Una locura de falso realismo social recorre y cercena el estado de gracia de la concepción poética. Sentí un pellizco, un tirón a soñar, a crear… y escribí estas líneas.

Arrastra el copo en sus artes variados pececillos. Hoy he intentado arrastrar unas líneas de poesía. Nuestra sociedad necesita de ella, necesita un algo de conversión: pasar de ser piedra a ser de carne.

domingo, 18 de julio de 2010

Sílabas de marzo (I)


Sintiendo en mí la brisa, distraigo mi recuerdo.
Tengo frío de ti esta noche de marzo.

Un sol rojo de verse palidece de muerte
como alma que penetra su descanso lejano.

El mar, en derramado fin del último azul,
cede su tono verde mientras lloro tu ocaso.

Una red solitaria suspira por la orilla
y solo por la orilla recorro mi pasado.

Las estrellas se esconden por nieblas de levante,
Una luz parpadea como rosa de llanto

y en la playa, que duerme su silencio de abismo
tengo frío de ti, esta noche de marzo.

(Del poemario “Sílabas de marzo”)

sábado, 17 de julio de 2010

El Estado de la Nación Catalana


Me imagino al pulpo Paul balanceando sus tentáculos alrededor de tres urnas, con sus respectivos mejillones, etiquetadas con los nombres de España, Zapatero y Rajoy, intentando acertar cual de ellos ha sido el vencedor del debate sobre “el estado de la Nación” y compruebo alterado que el sabio cefalópodo no se decide por ningún mejillón. A esto que llega un tal Montilla y coloca otra urna con su bivalvo correspondiente y con la cartulina de Nación Catalana. Duda un instante Paul, pero es poco lo que tarda en zamparse el mejillón que contenía la urna que hacía mención a Cataluña.

Pudiera ser que tal hecho sea debido a que el verdadero estado de la Nación Española se debatiera el pasado 11 de julio cuando Iniesta incrustó el balón en la red holandesa entre un flamear de banderas españolas y al grito de “yo soy español, español, español” por todos los páramos, plazas, bares, pueblos y ciudades de la piel de toro. Si no es así creo que podría asegurar sin riesgo a equivocarme, que en el hemiciclo donde voté la Constitución Española no se ha producido ni siquiera un simple monólogo sobre nuestra nación soberana.

Claro que ese torbellino de banderas rojas y gualdas pudiera tener el sentido de “nación sentimental”, concepto que otorgó Zapatero a los ciudadanos catalanes que creen que Cataluña es una nación.

Están muy cercanas las ya próximas elecciones catalanas para que la clase política que se juega mucho parné y poder en las urnas sin mejillones, dejara pasar esta ocasión única de demostrar su catalanismo. Al tiempo que los del PP, que no llegan a ser clase, a lo más párvulos acomplejados, no defendieran a marchamartillo que ellos habían presentado un recurso de inconstitucionalidad al Estatut porque lo creyeron conveniente, y no la patochada de Javier Arenas poniendo cuñas de radio contra dicho Estatut al tiempo que estampaba su firma en el nuestro definiendo a Andalucía como realidad nacional.

Más tiempo, pero mucho más, dedicaron los portacoces de los grupos parlamentarios a dar de hostias a los del Tribunal Constitucional y a sobarse entre sí, que a levantar la esperanza de cerca de cinco millones de parados.

viernes, 16 de julio de 2010

La Virgen del Carmen


Tan sólo se es libre ante la posibilidad de optar. Cuando me he sentado esta madrugada en la terraza para teclear algo que pueda interesar a usted, he tenido que optar entre hacerlo sobre el Estado de la Nación Catalana, pues no otra cosa ha sido el circo del debate sobre el Estado de la Nación, o apuntar mínimos detalles sobre la Reina de los Mares, la Virgen del Carmen.

Al leer el título de este copo tienen clarísimo que un servidor de ustedes ha optado por la fe del carbonerillo, dejando para otro día, tal vez mañana, entrar en el juego de descubrir la mascarada de sabotear la esperanza de más de cuatro millones de parados y lo que colea.

Me lo decía la señora Antonia, mi muy querida madre que me concibió tal como soy y que por más que muchos no quieran seguiré siendo; es ese tatuaje de leche, menos llamativo que el de Sergio Ramos, pero bastante más eficaz y perecedero hecho vida desde sus pezones. Ya ven que todavía porto alrededor de mi cuello aquella bendita medalla de la Virgen del Carmen.

Siendo una mujer de mucho carácter, ella tenía debilidad por su Virgen particular, la de los pescadores. No creía en cualquier Virgen, sino en la de Carmen, aquella que salvaba, según me contaba en esta sagrada terraza, a sus abuelos y padres de las tarascadas de la mar en las almadrabas de La Higuerita o por mares de Tarifa.

La Virgen del Carmen, bonito nombre tiene mi nieta, es propiedad exclusiva de Real Cuerpo de Pescadores y, si me apuran mucho, de los pecadores, por más que los políticos, siempre los políticos, ay Dios que yo también lo he sido, se quieran apropiar de ella.

La del Carmen, más importante que Xavi y los suyos y a una distancia infinita de la casta política, simboliza y pone a flor de piel el misterio de la fe encarnada en una imagen con sabor a salitre oreado por los vientos de levante y poniente.

No me sé explicar como yo quisiera, pero es que estas pequeñeces tan sólo son comprendidas cuando se viven, por ello esta tardenoche clavaré mis reales en el Barrio de los Pescadores de “donde el viento silba nácar” y allí volveré a oír aquel rosario de nanas marineras transmitidas de generación en generación.

Es una especie de susurro que me llega y sirve.

jueves, 15 de julio de 2010

El Puerto de Málaga




Yo no puedo realizar una crónica sobre sucesos de Málaga como un opinador local de mucha o poca monta. Y no lo puedo hacer porque todos los artículos que escribo en http://www.diariolatorre.es/ , los cuelgo en mi blog personal, al que pueden acceder pinchando “el copo de pepe”, y dado que el número de adictos, según un chivato contador, va incrementándose como la ruina de los españoles, no tengo más remedio, cuando trato de Málaga, la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, que sea forzoso por mi parte el describir a algunos de sus ilustres personajes.

Es un tópico de esta ciudad el afirmar que sus habitantes viven de espaldas al mar, cuando su mar inunda todos los rincones de ella. Málaga está casada con él, como cualquier pareja de hecho o derecho, o sea, desde la tediosa y eterna compañía hasta el esplendor orgásmico de su visión. En realidad toda esta historieta viene a cuento porque el Puerto está en el mismísimo centro de Málaga y dadas las carencias atractivas del mismo no es fruta preferida de la población malagueña.

He perdido la cuenta, pero hace un montón de años Ayuntamiento y Autoridad Portuaria decidieron hacer un paraíso fértil de ese desierto infecundo. Se iniciaron pues proyectos a toda pastilla que unas veces por hache y otras por ver pasaron a la historia de los despropósitos. Por fin se hizo el milagro y todas las fuerzas vivas de la ciudad pusiéronse de acuerdo.

Dedicado a otros menesteres he perdido la cuenta de si el proyecto definitivo es ya una realidad, pero hoy tecleando en google descubro que lo que ya parecía un acuerdo total para ubicar en la llamada esquina de oro, lugar donde confluyen el Paseo de los Curas con el de la Farola, un edificio de uso cultural gestionado por Unicaja, ha saltado por los aires tras una reflexión del actual alcalde Francisco de la Torre, político desde los albores de la democracia y aún antes de que ésta se instalase. La Autoridad Portuaria que preside Enrique Linde, único guerrista que queda en activo, exceptuando a Alfonso Guerra, está hasta los mismísimos de las eternas reflexiones del Regidor de la Villa malacitana que, desde siempre, se ha distinguido por la duda. Y han roto los papeles.

Es seguro que todo este tinglado no importe a nadie, pero como yo, hace años, me había prometido a mí mismo entrar al Puerto sin necesidad de saltar su enorme verja o reja, pues me cabreo y digo parte de lo que me parece.

Ustedes perdonen.

miércoles, 14 de julio de 2010

Intermedio


No estoy bien y no tengo ganas de escribir. La vida te lleva y te trae como a un simple muñeco. De repente, porque sí, te encuentras deshilachado y sin ninguna idea fresca que creas merezca la pena ser escrita. Son tantas las columnas fabricadas que ya parece agotado el manantío que las regaba.

Así que no pienso, tan sólo deambulo por este maldito teclado sin ton ni son. Me agradaría escribir lo que de verdad siento, de la soledad que acampa junto a mí e intenta que sucumba a ella. Intento vencer el tedio, la penumbra y la neblina que hacen que mis ojos no vean la felicidad que puede, quizá, estar al alcance de mi mano, pero que no haga nada por saborearla.

He fracasado, pues el fracaso es el divorcio entre lo que se siente y lo que se dice. Y tras el divorcio entre ambos polos, llega el desequilibrio. Bien es cierto, alguna vez lo escribí, que tan sólo las mentes desequilibradas gozan de la capacidad de crear.

En vez de estar en este laberinto de muy difícil salida podría dedicarme a seguir escribiendo sobre el gol de Iniesta, o tal vez lo mejor sería hacerlo del beso que Iker dio a Sara, pero son tantos los goles y tantos los besos que llegan a convertirse, a poco que pienses un poco, en anodinos. O ya ven la carnaza que hoy nos mostrarán Rajoy y Zapatero. El fútbol, el amor, la política.

Este último párrafo que acabo de escribir sobra de este artículo. No viene a cuento ni tiene razón de ser, pero lo voy a dejar para que quede constancia que hoy no tenía ganas de escribir. A lo más que me conformaría es que alguien fuese capaz de extraer de mí una leve sonrisa. Pero no, es imposible. No existe ese alguien.

No me encuentro bien. Es como si comprobaras que se te va la vida y no has dicho y/o hecho todo aquello que hubieses deseado y que casi has llegado a tocar con las yemas de tus dedos. Eso que llaman perder el tiempo, y ya ven que somos tiempo y nada más.

martes, 13 de julio de 2010

Política y Fútbol


Durante la Feria del Libro de Sevilla de 2009, asistí, como invitado, a una Mesa Redonda en la que se debatía el tema “Fútbol y Literatura”. Me acompañaban en el debate, o era yo el que me sumaba a sus saberes: Andrés Sorel, Secretario General de la Asociación Colegial de Escritores y furibundo madridista y Antonio Hernández, Premio Nacional de Poesía, autor de “La marcha verde”, que ahora quieren teatralizar en Cádiz, y el bético que más sabe de la historia del Viva er Beti manque pierda.

Hicimos ver que la FIFA, organización no gubernamental, es casi tan poderosa como la ONU y que las naciones que empiezan a hacer su historia tratan de ser acogidas por la FIFA antes que por la Organización de Naciones Unidas. El fútbol es en la actualidad un negocio como la copa de un pino y deja más dividendos que cualquiera de las acciones de los gobiernos occidentales.

Tal vez sea por eso el emperramiento de la clase política catalanista por introducir en su tejido estatutario la formación de distintas selecciones nacionales deportivas que van desde el fútbol al baloncesto, pasando por todas y cada una de las facetas del deporte.

Mañana, Dios mediante y pasada la fiebre de la alzada de la Copa del Mundo de Fútbol por Iker Casilla, se reúnen en el hemiciclo de la calle de San Jerónimo, la selecciones de PSOE, PP, CiU y el resto, para echar un rato sobre el Estado de la Nación Española y es previsible que, por un lado y otro, se eche mano al fútbol para las mil triquiñuelas de la dialéctica política.

Lo de la cháchara de mañana, que debe ser un tostón equivalente al que yo estoy dando esta mañana, ha impedido que Zapatero y Rajoy se acerquen a Sudáfrica para disfrutar en directo del gol de Iniesta, y ambos han puesto como excusa que tenían que preparar exhaustivamente sus respectivos discursos.

Es mentira, lo que les preocupaba es que España perdiera ante Holanda y fueran tildados de gafes, como si no lo fueran desde hace tiempo.

lunes, 12 de julio de 2010

Los mejores del mundo


Los tulipanes pusieron el partido difícil. Primero por la leña que repartieron durante los primeros quince minutos y después porque el jugador de cristal comenzó a driblar y centrar como sólo el sabe hacerlo. El inglés del pito fue demasiado permisivo con las brusquedades holandesas, menos con las españolas, y dejó que la dureza, propia del fútbol, diera paso a un encuentro en ocasiones demasiado bronco.

El novio de la Monedero, bellísima ella, nos salvó en un par de ocasiones claras del representante de los Países Bajos, pero se olía que la roja podía llevarse el gato al agua y la Copa para España. Por cierto que esta nación llamada España, a pesar de algunos cenizos, ha vivido, y casi ha muerto de un infarto colectivo, esta final a tope. Lo mismo en Cataluña, donde me cuentan que Carod Rovira y algún otro más la ha visto de forma disimulada, que en Madrid, Málaga o Sevilla, lugar donde me dicen que dio una explosión de júbilo cuando Jesusito Navas saltó al rectángulo a hacer de la suyas, y vaya si las hizo.

Al estar fuera de mi perímetro urbano y dado que uno no está para mucha bulla, he optado por ver la final en la vieja terraza donde asoma el ficus, acompañado de la parienta, de alguna intendencia etílica, sutilezas de tapas, una botella de champán y unos comprimidos de valium-5 por lo que pudiera pasar y pasó, o sea, con la cojonera de corbata durante 117 minutos, momento en el que Iniesta, con muchísima más fe que algunos columnistas de http://www.diariolatorre.es/ , engatilló la bola con la derecha y España cantó goool antes que el balón penetrase los tres palos de la portería holandesa.

En la distancia, en la cárcel y en los recitales de poesía es donde se ven los amigos, también las amigas, pero este deporte diga lo que diga Bibiana Aído es más bien cosa de hombres. Pues bien, previa al inicio del encuentro recibí una llamada de Javier de Molina, buen detalle del jefe; en el transcurso del encuentro mi hija me llamó en varias ocasiones; también un sobrino sevillano y sevillista; pero créanme que ninguna de esas llamadas me tocó de lleno como la realizada desde la Cafetería-Bar Gran Vía, calle Don Cristián de esa ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, y donde paso buen parte de lo mucho o poco que me queda de existencia.

Ellos son amigos y por ellos, Antonio, Manuel el bético, Pepe “el pollo”, Jimmy que es capaz de procesionar cuatro o cinco tronos en Semana Santa, Ignacio el intelectual, Fernando el de la Cultural Leonesa, Julio y su perrito, César, Juan y tantos otros, y por ellos, decía, alzo mi copa de champán a altas horas de la madrugada y brindo por la amistad, el fútbol, las pruebas de la flora intestinal y el alcohol.

Mañana todo seguirá siendo igual, o sea, cada uno tirando de su carreta de problemas, pero esta noche España entera, salvo excepciones de auténticos gilipollas, hemos sido felices.

Salud.

sábado, 10 de julio de 2010

La vil sumisión de Leire Pajín


Leire Pajín, la tercera intelectual socialista tras Zapatero y José Blanco, ha afirmado que los del PP son insumisos. Esta lumbrera de España atribuye, por lo que se desprende de su declaración, una concepción peyorativa al término insumisión. Así nos va.

Huérfano un servidor de paraguas político, ya ven que el primero, UCD, se fue al traste por motivos de intento de Golpe de Estado, y el segundo, PSA, va desapareciendo tras una larga agonía por el inútil compadreo de unos dirigentes y la ausencia de una teoría política bien elaborada, he quedado en la soledad del corredor de fondo que va tras algo a lo que nunca llega, y si a veces parece tocar algo con la yema de los dedos se convierte en puro espejismo.

Realmente ser huérfano político es ser ciudadano libre y, por tanto, capacitado para ejercer la insumisión contra el poder; en el caso que nos ocupa contra el poder político. La grata falta de ataduras, de grilletes en forma de carnés, de no estar obligado a sonreír sin ganas y de no tirar de la levita al prócer de turno, le hace a uno circular más ligero por el bosque de memeces y vividores de la cosa pública. Creo, pues, que no es necesario que afirme que no pertenezco a PP en ninguna de sus variantes: militante activo o simpatizante efectivo.

Leire Pajín ha manifestado lo de la insumisión del PP por la postura de algunas comunidades de la derecha española frente a la nueva Ley del Aborto. Pues bien, personalmente abomino del aborto, es más creo que las mujeres que lo practican pasan el peor trago de su vida. Al ser hombre, o haberlo sido, lo digo en el estricto sentido de la vida sexual, poco tengo que decir al respecto; por decir algo, asomar mi jeta para insinuar que aquellos que no deseen procrear usen el condón.

Será capaz Leire Pajín de tildar de insumisos a los miles de catalanes, incluyendo al socialista y Presidente de la Generalitat, José Montilla, por organizar y acudir a la Manifestación de hoy contra la decisión del Tribunal Constitucional de abortar una levedad del articulado del Estatut.

Leire Pajín no es capaz de ello porque no es insumisa sino una pobre política que practica la vil sumisión, o sea, es una paniaguada.

viernes, 9 de julio de 2010

Pujol decide


Los prohombres de la política catalanista se manifestarán mañana por Barcelona bajo el lema, traduzco al castellano: “Somos una Nación. Nosotros decidimos”

A mí no me parece mal, tampoco bien, que miles de personas, tal cientos de miles, se arremolinen tras la senyera para expresar un sentimiento patriótico que a otros pueda parecer trasnochado. Ahora bien, lo se dice decidir requiere pasar de las palabras a la acción y eso es harina de otro costal que no siempre da buen resultado.

Vivimos unos momentos de efervescencia nacional. Hay banderas de España en todas partes y se han agotado las existencias. El fútbol, el buen fútbol, lo que son las cosas, ha conseguido formar más patria o nación que toda la clase política y que el mismísimo Tribunal Constitucional. Hasta la Reina doña Sofía se ha presentado en Durban (Sudáfrica) vestida con un traje rojo, zapatos del mimo color y una armoniosa bufanda amarilla o gualda que, en su conjunto, venían a simbolizar a la nación española.

Tengo la sensación, de tanto ver el rojo y gualda, de que las hojas del ficus que asoman a la terraza han cambiado su brillante verde por pinceladas de rojo y amarillo, y en la jaula del canario Limón he colgado cintas rojas en sus barrotes que hacen, si no más agradable su visión, sí más de acuerdo con el momento deportivo que vivimos.

Que estos chavales juegan como Dios es perfectamente conocido por todos los que ven fútbol y que Del Bosque es un señor que arriesga con un quita y pon imprevisible, pero que tiene mucho de profético, es una realidad propia del jugador que en la ruleta francesa coloca todo lo que tiene a 32, rojo, par y pasa.

La selección lo ha bordado y cada uno de sus integrantes ha alegrado las tristes pajarillas de los que más sufren la crisis económica, pero permítanme que nombre a Charles Pujol, catalán y tal vez catalanista que viniendo desde atrás ha rematado el saque de esquina de Xavi con toda la furia posible del que sabe puede decidir la historia del fútbol español, y ello introduciendo la cabeza entre un bosque de gigantes, deteniéndose en el aire y jugándose la sesera.

Esa imagen, histórica ya, es la de la decisión. Vayan ustedes aprendiendo a decidir.

jueves, 8 de julio de 2010

Lo legal y lo injusto


Hoy ha amanecido de fútbol, pero no para mí. Un fuerte viento de levante agita las hojas del ficus que asoman a la terraza, y Limón, mi viejo canario, canta todos los palos.

He bajado a la pescadería de Antonio Coro y he comprado seis búsanos de buen tamaño, seis plateadas sardinas, dos brecas que estaban saltando, un puñado de gambas blancas y unas pocas de chirlas. Nos vamos a dar un pequeño festín los dos, quiero decir con mi compañera; nos lo merecemos. En realidad, tres conforman una tribu, y con dos más aparece la multitud.

Llueve y las hojas del ficus y su verde resplandecen cuando algún rayo de sol se deja ver, pero es una fugacidad porque la bocana de negros nubarrones que se divisa en la cercana Portugal presagia un bello día de tormenta.

Esto que ven mis ojos es la fuerza de la naturaleza en toda su plenitud, una auténtica manifestación de lo sagrado, de aquello que el hombre no puede cambiar. Sin embargo, el hombre y la mujer que son hijos de esta realidad si pueden ser cambiados, suplidos, tarados, eliminados. También el resto de seres vivos y la flora y tal vez los búsanos, sardinas, brecas, gambas y chirlas que he comprado esta mañana hayan sufrido alguna manipulación o cosa parecida.

Arrecia la lluvia que no entiende de leyes, mientras los hombres, también las mujeres, se resguardan bajo el paraguas del acatamiento de lo legal, legalidad que casi nunca es justa, para limpiar la cobardía del sometimiento a la leyes que fabrican otros en función de las llamadas ideologías, ideologías que cubren con vestiduras farisaicas de progresistas y/o conservadores.

La única ideología es ser humano y la única ley debería ser aquella que potencie su humanidad. No deben existir leyes. Ni políticas ni eclesiásticas. Tan sólo el hombre libre tensionado a ejercer de hombre para conseguir el bien general y el individual. Hacer real el proyecto para el que desembocamos a este mundo, ser hombre o mujer.

Pero hoy, cuando más llueve en este lugar donde el viento silba nácar, no hay sitio ni para el proyecto.

miércoles, 7 de julio de 2010

Aquellas verdes algas (y II)


Han estallado en mil pedazos las promesas. Tiemblan las verdes algas su fría soledad. Vuelve la Nada como reina esbelta. La tierra finge su dolor, se vuelve mustia. La sangre se detiene: prendo el fuego sagrado: arden los grises días.

Han llegado los tiempos del desorden. Ondean en los mástiles cadáveres de niños. Mueren las madres y de sus vientres cuelgan los hilos del amor. Se masturban los dioses. Apocalipsis. La cuna balancea solitaria a la nada. Vencieron los de siempre. Un latido de vida sostiene a los vencidos. Por levante navega la esperanza.

Los campos predicaron la noticia. La buena nueva sorprendió a los hombres: ¡se puede ser feliz!

Bajaron los ancianos a los valles ¿cómo? se preguntaban. Nos ha nacido un dios extraño y libre: llama al hombre a ser hombre y a la mujer, mujer. No quiere más ni menos.

Los ancianos, cogidos de las manos, subieron a los montes entristecidos: tarde había llegado la hora de ser. Uno de ellos detuvo su camino. ¡Aún es posible! Un nuevo hombre brilló en la vida.

He roto el pacto. Una nueva alborada se aposenta en la Tierra. Ya se alza en plenitud su amanecer, los cantos de victoria resuenan en los tímpanos. Ya caminan los hombres. Ya siempre serán verdes las algas de los mares.

Esclavos de las normas: dejad paso a los libres. Caminamos desnudos, nuestro paso es ligero, somos hijos del Dios que clama por la vida. Gozamos en la fiesta del amor. El dogma es la sinrazón. No existe más fe que la libertad.

La estúpida estación del siempreigual: ordeno, mando y obedezco ha dejado un sello de idiotez. Nos quieren libres, no esclavos. A veces pregunto a la vida por mi vida. Un silencio cargado de átonas dudas penetra el espacio donde deslizo mi tedio. No me someto a reglas jerárquicas. Intento poner ritmo a mi existencia y un frío soplo sisea en la ya frágil nuca de la utopía.

Me rebelo sumiso a los grilletes. Gozaré con los libres.

martes, 6 de julio de 2010

Aquellas verdes algas (i)


Son besos de quietud, láminas alargadas de mares condensados. Yacen por las arenas como gotas de soledad. Cambiaros sus entrañas de fresas sumergidas por tapices plegados en ondas soleadas. Lloran su fénix. Es un verde sendero de lágrimas cambiantes. Nacen de lo profundo de mi tiempo. Descansan en mi adentro, me taladran asesinándome. Pasto de sus llamadas, vomito convulsiones. Decaigo sin lamento. ¡Si pudiese soñar el sol de la ribera de aquellas verdes algas!

Sedimento cloacas de temores. Es el alma machita de pecado. Me lo decían desde la lejana tarima y fueron incrustados en mis blancos corales. Años de dioses y demonios negros. Negros los dioses, negros los demonios. El rojo era perverso. Campanada de escándalo el amor. Yo, quieto y frágil, mamando el opio de los pueblos moría a la infancia en mi vida.

Cuánto miedo de Dios en mi larga agonía. El frío de mi cuerpo se extiende en su pobreza. Estremezco en mi lecho. ¡Asesinos de niños, quebranto de inocencia! Yo también fui crucificado.

Abrasa un sol radiante, cual los ojos azules del niño que sisea calor en los pezones abiertos de la madre. Saborea la aldaba de mi vida preludios de la Voz. Rezuman aleluyas los cantos de los pájaros. Las arenas tropiezan entre sí. Los gritos de la historia golpean en mis sienes. Utopía de amor, el universo tiembla. Las estrellas copulan a los mares. Es el Dios nuevo.

Ha sido una ilusión, como aquella gaviota que posó el vuelo en mi roja sandalia.

Una nube de sangre centellea en mis ojos. Un instante de Dios. La lógica oscurece y amanece. Quiero estar loco y cuerdo. Vuela un ave camino de la noche. Yo despertaré al sol de la mañana.

lunes, 5 de julio de 2010

El día que todos fuimos alemanes


Aunque sábado de julio, el día comenzó con trabajo cultural. Resulta que las Juntas Directivas de las dos Asociaciones de Escritores más importantes de Andalucía, y no es que uno se ponga moños, tampoco me los quito, me refiero a la Sección Autónoma de Andalucía de ACE, que me honro en presidir, y la de Críticos Literarios de Andalucía, cuyo mandamás es nuestro compañero de columnas Morales Lomas, nos reuníamos conjuntamente para adherirnos, apoyar y trabajar para que la Capital Cultural Europea 2016 recaiga en una de los dos ciudades hermanas, a saber, Málaga o Córdoba, y a tal fin vamos a presentar proyectos culturales que concurran en esa finalidad.

Ahora bien, quede claro que yo miento poco, mi mente estaba también amueblada para disfrutar como un cosaco con la tarde futbolera que se nos venía encima para gozar y sufrir, siempre van unidos ambos sentimientos, con los choques entre Alemania y Argentina, y posteriormente con Paraguay y España. De momento, y ello es saludable, al menos en parte, nos hemos salvado del prometido despelote de Maradona si ganaba el Mundial y de una bellísima paraguaya, lo que tiene un pase, pero lo de don Diego pudo haber sido una imagen imborrable para nuestros menores.

Dado que los de Polanco facilitaban, previo pago, la visión de la pasada alemana, y que uno no tiene contrato con ellos, me refugié en el santuario futbolístico de Gran Vía, calle Don Cristián, y con los consabidos pamperos que llegan, vienen, se evaporan y son absorbidos por la flora intestinal, grité, gritamos como energúmenos los cuatros chícharos que los teutones introdujeron en la ramplona chulería del que se llegó a creer Dios y hoy es un simple espantapájaros.

El goool de Villa fue cantado con más pulmones que los de los alemanes, pero el fútbol que realizó la selección alemana fue de tiralíneas, lo mismito que hacía la “roja” hace un poco de tiempo pero con dos flechas por los extremos, que por ahí es donde se hace daño.

Pasado mañana estamos citados para ver un buen espectáculo, pues ambas selecciones van a salir a ganar, o sea, a dejar jugar. Apuesto por los nuestros, pero, por favor, que me saquen a Jesús Navas.

sábado, 3 de julio de 2010

Salud responde


María Jesús Montero Cuadrado, bella Consejera de Salud, es bastante más que una política. Sin temor a equivocarnos, podríamos afirmar que, en esta ruinosa canícula que nos prestamos a soportar, se ha convertido en nuestra auténtica madre.

Sin importarle tres leches el estado de las arcas de la Junta de Andalucía, y mucho menos lo que pueda pensar Zapatero “el tijeras”, ha enviado a todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas de esta tierra de María Santísima un lujoso tríptico en el que nos aconseja las medidas a tomar ante las calores que se avecinan.

De momento nos facilita el teléfono 902 505 060, Salud Responde, operativo las 24 horas del día, los 365 días del año, con el que nos podemos y debemos ponernos en contacto ante cualquier síntoma que nos alerte que estamos sumergidos en un peligroso “golpe de calor”, a saber: piel caliente, dolores de cabeza, náuseas, sed intensa, confusión, pérdida de conocimiento, convulsiones y agresividad inhabitual, más o menos todo aquello que padecen el millón de parados largos que existen, o ya la han palmado, en Andalucía.

Coma según su costumbre, pero sin atiborrarse de suculentas pringás. Puede y debe, si no tiene más cojones, asistir a los comedores sociales de Cáritas. Aunque no tenga sed, beba agua a punta de pala, pero no consuma bebidas alcohólicas a excepción de esas cervezas sin chicha ni limonar que tienen un 0 como señal que las identifica como no deseables. Permanezca en su casa a esas horas en que no hay un Dios que esté en la calle y busque la habitación más fresca, pero si ésta no existiese tome un puñado de euros y láncese al encuentro de un local climatizado en el que pueda salvarse del mortal golpe de calor, aunque coja un enfriamiento de mucho cuidado… Y así la santa María Jesús nos va aconsejando para que no la diñemos este verano.

Se olvida del botijo, objeto ancestral salvador de tantos y tantos golpes de calor, así como tampoco ha mencionado el blanco pañuelo que con cuatro nudos en las puntas y en permanente estado de humedad nos mantiene en forma.

Pero no prohíbe hacer el amor en la hora del diablo, la siesta, aunque pueda llevarnos a la levitación o ascensión a los cielos, una bella forma de morir por deshidratación.

viernes, 2 de julio de 2010

A Mariví Romero, con cariño


Mi muy querida Mariví Romero, concejala popular del Ayuntamiento de esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, te escribo estas líneas en el día que cumplo ocho mil columnas escritas día a día, exceptuando un par de meses que descanso los sábados.

Tras tanto teclear he llegado a la conclusión que todo lo que se escriba sobre la vida política y sus protagonistas, tú entre ellos, es un brindis que no importa al lector ni al destinatario. Ya ves, por ejemplo, la huelga del Metro de Madrid o la que se avecina para la feria de San Miguel, cuando las moscas acuden a los últimos vestigios de las calores del veranillo del membrillo. Y es que los políticos, tú también, tienen unas orejeras que les impiden ver lo que ocurre a su alrededor y solamente arrean al burro en la dirección predeterminada.

Querida Mariví estoy muy dolido contigo. Es seguro, son tantas tus preocupaciones, que no te acuerdas que allá por el otoño de 2008, el día que se inauguró el Museo de Flamenco de la Peña “Juan Breva”, estaba allí con los cantaores Arrebola, Pepe el de Campillos y Antonio de Canillas, cuando hiciste un aparte conmigo, sin copas de por medio, y sin venir a cuento me dijiste que el próximo año, o sea, en 2009, el Alcalde Francisco de la Torre y tú misma me ibais a hacer un regalo firmado por ambos. No se lo digas a nadie, me pediste por favor.

Pero mira, querida Mariví, una alegría empieza a serlo cuando se comparte con otros y aquel día, lo que son las cosas, una de mis nietas, Elena, que por aquel entonces tenía siete añitos, estaba en casa y se lo conté. Y se puso la mar de contenta, pero la jodida niña, ya tiene nueve años, posee una memoria prodigiosa y no hay día que no me pregunte por el regalo.

Ya no sé qué decirle, pues no sería bueno insinuar que el Alcalde Francisco de la Torre, un digno señor, se ha rajado como en tantas otras cosas; tampoco sería prudente afirmar a Elena, que me quiere a rabiar, que tú, un día porque sí, me tomaste mi escaso pelo recogido en coleta que bate al aire, o sea, que te cachondeaste de mí.

A un par de amigos míos que se dedican a escribir cosillas de mala manera, les voy a pedir que te pregunten por el regalo en cuestión.

Sobre el amor, la poesía y cosas como las que cuento hoy van a formar parte de mi diario de copos. Al menos lo pasaré bien y haré realidad aquel slogan del mayo del 68: “que nuestros sueños sean sus pesadillas”. Y es que durante muchísimos días mi nieta Elena estuvo soñando, yo tenía pesadillas y tú te reías a carcajadas de nosotros.

Ea, ya no te quiero ni te votaré.

jueves, 1 de julio de 2010

Julio


Llegó el primer mes del periplo veraniego. Tiempo de alquileres de quincenas y de bellas imágenes sorteando miradas de lujuria. Julio, antesala del infierno de agosto, abre sus puertas para tirar los últimos ahorrillos de una época que ya no volverá. A nivel personal, julio es para mí el adiós temporal a esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, y el encuentro con la maravilla de la marisma, sus caños, las bailas y la pequeña acedía que se deja comer en compañía de una fresca cerveza.

Julio es disfrutar el aburrimiento del día a día, tarde a tarde, ocaso a ocaso en lo alto de la roja duna desde donde huelo las florecillas de agua, el salitre de las artes marineras expuestas al poniente que las orea. Buscar y buscar la concha del calamar para mi viejo canario Limón, el que me acompaña en las tardenoches, cuando el ficus asoma a la sagrada y vieja terraza donde hablaba sin descanso con la anciana madre que descansa el sueño de los justos.

Julio es la vuelta a la vida, la escapada desde el asfalto de calle Mármoles al lugar donde el viento silba nácar, libro que me llevo en pdf y que en otoño será un bello testimonio de amor y desamor que tendré el placer de entregar a ustedes en tonadas de romances, romancillos, sonetos, sextinas, soleares, décimas y coplas de vida y muerte.

En este lugar privilegiado, La Antilla, reclinaré mi pensamiento para parir algo nuevo. No pienso perder una pizca de tiempo en deslices. Deseo aburrirme en plenitud, y del tedio resultante alzar la voz para cantar a la vida el riesgo de vivirla en plenitud.

Disfrutaré con Carmen y Elena, mis nietas, me complaceré en la perpetua visión de Rosamary, mi hija, seré, si cabe, más cordón umbilical con Rosa, mi compañera de rosas y espinas e intentaré recuperar parte del Misterio que trasciende a la densa niebla de verlo todo igual. Descubriré nuevos horizontes en la aventura de visitar unas bellas islas griegas acompañado de todos los anteriormente mencionados.

Y desde la ruina, seré feliz. Esa es mi meta. Todo se iniciará a partir del próximo lunes. Lo irán comprobando.