lunes, 27 de diciembre de 2010

Adivina, adivinanza


La política, con mayor o menor intensidad, ha sido siempre algo serio y sencillo. Si se piensa bien, la democracia consiste sencillamente en depositar libremente nuestra confianza en unos hombres y mujeres a los que pagamos para que administren nuestros bienes, sean estos muchos o pocos. Y la función esencial de esas personas es la de intentar hacerlo de la mejor manera posible.

No es por tanto un juego de dados, donde la suerte depende del resultado que se obtenga al lanzar los mismos, y mucho menos algo que tengamos que adivinar de qué van a hacer los políticos con nuestros dineros según el estado de ánimo con que se levanten por la mañana.

Así pues, la política española discurre por unos senderos de surrealismos y payasadas inconcebibles que el pueblo, siempre sumiso, asume con alguna que otra algarada de poca monta. Porque ya no se trata de que mi dinero lo repartan entre quiénes más lo necesitan o en buscar la forma de obtener la mayor rentabilidad posible a fin de que los principios de solidaridad, igualdad, justicia y fraternidad acampen entre nosotros, sino en adivinar quién es el amigo de Zapatero que sabe qué va a hacer con el timón de España, o sea, con nosotros.

O bien este Zapatero es un estúpido o bien nos toma a nosotros por tales. Pudiera ocurrir que confluyan ambos desvaríos y que, por tanto, nos merezcamos todos este trato, o maltrato infantil, de “adivina, adivinanza” ¿se presentará ZP a las próximas elecciones generales?

¿Táctica de distracción o tomadura de pelo? Sea lo que sea, todo ello es una vergüenza nacional que no nos merecemos. ¿O sí?

www.josegarciaperez.es

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada