miércoles, 24 de noviembre de 2010

El valor de las palabras


Cuando decimos que el Gobierno o el Congreso de los Diputados han hecho un recorte en eso que llaman bienestar social, nos achantamos, y es que los vocablos “Gobierno” o “Congreso” tienen un peso específico y determinado; es por ello que montar, por ejemplo, una huelga general requiere de un tiempo y raciocinio fuera de lo ordinario, porque en este caso el “Gobierno” puede echar mano de las “Fuerzas de Seguridad” para reprimir a los manifestantes; pero si nos diéramos cuenta de que esos vocablos (al igual que otros) son un auténtico montaje les perderíamos el respeto.

Son hombres y mujeres corrientes, a veces mediocres, con nombres y apellidos concretos los que parapetados tras esos muros, Gobierno y Congreso, los que toman las decisiones que nosotros achacamos a ese ser superior, léase, por ejemplo, “Gobierno”.

Personas normales, como usted y yo, que pueden llamarse José Luis, Manolo, Pepe, Miguel, Trinidad, Elena, Alfredo, etc., que, travestidos bajo los ropajes de Presidente o Ministro/a, tienen amargadas nuestras vidas. Son ellos con sus nombres y apellidos, y no cualquier entelequia que nos hemos inventado, los que marcan nuestro destino para bien o para mal. Exactamente ocurre con el término Alcalde, o no digamos Pleno Municipal, que puede llegar a ponernos la carne de gallina; cuando en realidad son Francisco, Joaquín, etc., los que, como los anteriores, investidos por unas elecciones, hacen de su capa un sayo y de sus promesas una auténtica burla.

Hay, pues, que desmontar la barrera que los hace infranqueables y decidir si es hora de que se larguen con viento fresco o sigan vapuleándonos desde el disfraz de sus cargos.

A las personas hay que llamarlas por sus nombres y apellidos, pues son ellos y ellas, y no entes abstractos, los que roban o ponen esperanzas e ilusiones.

La cosa se está poniendo de tal manera, que es llegada la hora de señalar con el dedo al culpable o culpables de la situación que padecemos y no refugiarnos en la simpleza de acusar de ella al Gobierno, ente inocuo que se nos escapa de las manos.

www.josegarciaperez.es

No hay comentarios:

Publicar un comentario