sábado, 27 de noviembre de 2010

El poema del domingo


Llovizna. Blanca espuma de salobres sentidos
iluminan mi piel. Esta luz que deslumbra
la oscura incertidumbre de mi desnuda vida
es mansa tenuidad de caricias extrañas.

Me arrastro en su armonía de violines azules.
Susurros de la mar que me llaman de siempre
golpean suavemente, cual besos que lejanos
retoma el universo desde su infinitud.

Llovizna sin cesar en esta blanca tarde
de peregrino don. Cala su persistencia
el cráneo que gusta ser esponja porosa.
Agua como doncella que fecunda al amor.

Aguanieve de besos que despiertan flotando
como musgos vertidos en veneros orondos.
Cada gota de espuma se cobija en mi adentro.
Diluvio sostenido por ausencias de ti.


Sílaba XVIII del poemario “Sílabas de marzo”

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