viernes, 5 de noviembre de 2010

Benalmádena City


Por una serie de circunstancias que no vienen ahora a cuento, el pasado jueves estuve en Benalmádena y me vinieron al recuerdo una serie de hechos que durante un breve tiempo me vincularon a ese trípode poblacional formado por Arroyo de la Miel, Benalmádena y la Costa. Pregoné su Semana Santa, Bartolomé Florido me agasajó con un pequeño trofeo que para un servidor es, y seguirá siendo un fantástico premio, y tuve el honor de presentar a Matías Prats senior en un sencillo, pero emotivo homenaje que tuvo lugar en la city.

Benamáldena, políticamente, se puede afirmar que es un feudo de Enrique Bolín, alcalde que fue en la I Legislatura democrática 1979-83 y de forma ininterrumpida hasta 1995, aunque con un éxodo nada deseable en esta última por motivos en los que no me voy a meter. Tanta fuerza tuvo, que su siempre hombre de confianza, Enrique Moya, es el actual regidor de la trinidad de la city, aunque de una forma rocambolesca gracias al tejemaneje que el presidente provincial de los populares malagueños, acompañado de Joaquín Villanova, regidor de Alhaurín de la Torre, la villa donde el azahar se adelgaza, realizara dentro del popurrí de las fuerzas políticas de Benalmádena.

En las últimas elecciones municipales, las que estamos sufriendo actualmente, se hizo con la alcaldía el socialista Javier Carnero tras un pacto con Izquierda Unida y un par de sopas de letras, MPB e IDB, quedando en la maldita oposición el personal de Bolín, GIB, y los populares de Enrique Moya que, como decía anteriormente, tras una moción de censura, alentada por la mano que siempre mece la cuna, consiguió, tras un cambalache en la triada independiente, hacerse con la vara de mando que transporta con buena voluntad, poco carisma y con la sabiduría de saber pasar desapercibido mientras los problemas se acumulan en Arroyo de a Miel.

Me llegan noticias que Bolín está preparando, bien financiado por los de siempre, un nuevo desembarco desde los funiculares a Puerto de la Marina, huevo de oro de las gallináceas independientes, y que puede unir todas las sopas de los grupos independientes en torno a su egregia figura.

Los virreyes populares de Málaga andan preocupados con el tema, pues puede echar por tierra el apetecido mordisco a su manzana prohibida, la tan deseada Diputación provincial. Mientras todo esto se está urdiendo en Benalmádena City, Enrique Moya, su alcalde, ni se entera ni le importa, o sea, ni-ni.

www.josegarciaperez.es

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