jueves, 2 de septiembre de 2010

De lo local a lo universal


Como aprendiz de columnista tengo la sensación de estar introducido dentro de un tacataca en el que voy dando mis primeros pasos. Vean ustedes, escribo en www.diariolatorre.es, periódico digital de una importante localidad malagueña, de nombre Alhaurín de la Torre, enclavada en las estribaciones del Valle del Guadalhorce.

Como no vivo en la villa donde el azahar se adelgaza no entro, porque ni quiero ni puedo, en la vida del pueblo, o sea, de sus vecinos, guardias civiles, alcalde y concejales, cura, fútbol y cofradías de verdes y “moraos”. Ignoro, por tanto, si mis escritos interesan al vecindario.

Hace años escribía en Diario Málaga, cerrado por defunción, y al menos sabía que algunos funcionarios recortaban mis “copos” y los pasaban a sus respectivos jefes si estos eran nombrados en las columnas, lo que suponía un pequeño orgasmo literario cuando alguno de ellos te comentaba sobre esto y lo otro, padre y madre.

Al abrir el blog “el copo de pepe”, que va funcionando, o sea, leyéndose, caigo en la cuenta, por los comentarios que van dejando los lectores, que interesa más lo general que el ombliguillo de lo local, lógico. Pero queda meridianamente claro que ya es pedirme a mí mismo demasiado que escriba dos columnas diarias, una para Málaga y su provincia, y otra para una portuguesa, que no es María, que desea publique poesía y temas trascendentales.

Para más INRI me acompleja tela marinera que algunos columnistas locales, sean Bravo o Sarria, ambos amigos, tengan la tira de comentarios porque uno defiende al señor alcalde de la villa y el segundo le suelte metralla a toda pastilla.

Y sin embargo, lo que son las cosas, los problemas de los habitantes de Alhaurín son idénticos a los de cualquier ser de la Cochinchina: trabajo, hambre, enfermedad, aborto sí o no, amor, desamor y alcalde. Pero ocurre que si al amor o al hambre o al aborto o al alcalde le pongo nombre y apellidos al personal le entra un sarpullido de mucho cuidado.

Pongamos un ejemplo, si afirmo que el amor no existe al lector le entra por un oído y le sale por el otro, pero si digo que fulanito o fulanita de tal no ama se arma la marimorena.

Pues bien, el amor es un espejismo que nos agrada inventar mientras millones de seres mueren de hambre.

www.josegarciaperez.es

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