miércoles, 25 de agosto de 2010

Todos nos alegramos, pero...


Ya saben, el mundo está lleno de “peros”. Cualquiera, yo el primero, inicia una alabanza a algo o alguien y a renglón seguido aparece el primer “pero”. Viene esto a cuento porque, como todo ser bien nacido, me alegro de la salvación de las vidas de los dos cooperantes secuestrados por la organización terrorista Al Qaeda, pero...

Pero vivimos en un Estado de derecho y no deberíamos negociar con delincuentes. Más aún, es ilegal. Claro que no siempre lo legal es justo y, tal vez, hubiese sido una auténtica injusticia dejarlos a merced de semejantes asesinos. Aunque no es menos cierto que el dinero, presuntamente desembolsado (hablan de millones de euros), engorda las arcas de aquellos que en nombre de su Dios asesinan cuando lo estiman oportuno.

Para mí, lo cual no supone que alguien esté de acuerdo, el único gobernante que no ha claudicado ante un secuestro con amenaza de asesinato inminente fue José María Aznar cuando en julio de 1997 no claudicó ante ETA, y el concejal Miguel Angel Blanco fue abatido de un tiro en la nuca por un pistolero asesino. Aquel trágico hecho reforzó nuestro Estado de derecho, y ETA comprendió perfectamente que un sistema democrático es aquel que es capaz de conjugar libertad y autoridad.

Los británicos lo tienen clarísimo: no negocian con asesinos ni pagan rescates. Los franceses si parecen negociar, pero, al unísono, estudian la manera de rematar a los asesinos, aunque ello, como últimamente ocurrió, pueda costarle la vida al ciudadano secuestrado.

Los integrantes del Gobierno de España, tan seguros en cuestiones más que discutibles, no dudan un instante en negociar de mil y una manera, y con millones de euros, con terroristas, sean estos piratas somalíes o terroristas de Al Qaeda; somos, pues, débiles, o sea, nuestra democracia se basa en la debilidad ante el que parece tener en sus manos todas las cartas de la baraja del crimen.

Créanme que me alegro que nuestros dos cooperantes se encuentren felices, sanos, sonrientes y con sus familias, pero…

www.josegarciaperez.es

3 comentarios:

  1. Es una doble sensación.
    La alegría por ver libres a los que han estado secuestrados y la tristeza de ver que "nos bajamos los pantalones cuando hay amenaza". Ahora me pongo en la piel de la familia y digo... ¡qué paguen, qué paguen!
    Como dice una sobrina mía de tres añitos... "asunto diCIfil".

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  2. Fuera de tema:
    Del Sevilla... ¡ni hablamos!

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  3. Del Sevilla, mejor no hablar. Lo otro, y por eso lo saco a la palestra, es altamente conflictivo.

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