lunes, 16 de agosto de 2010

Misa bética y acción de gracias


El cura párroco de La Antilla no da abasto para que los practicantes católicos puedan cumplir el precepto de oír misa entera los domingos y fiestas de guardar. Es por ello que, además del templo parroquial, tiene establecida una red de lugares o locales donde celebrar la eucaristía. Uno de ellos es en la zona de aparcamiento del lugar donde resido, El Abanico.

Pues bien, el pasado sábado, día del encuentro de la supercopa de España entre Sevilla y Barça, el número de asistentes a la celebración, mermó de forma considerable, cuestión que achaco a la coincidencia horaria de la misa con el partido de fútbol. Es ésta la zona donde hay más sevillanos, ciudadanos que se reparten el hecho de ser béticos o sevillistas. Tengo claro que tanto los asistentes como el mismísimo sacerdote eran béticos, pues desde las peticiones por los más humildes hasta el abrazo de la paz todo fue una ceremonia verdiblanca.

A los acordes del himno del Centenario, con ese “sevillista seré hasta la muerte”, los palanganas disfrutaron de otra celebración histórica: ver como su equipo envolvía con un juego por las bandas, auténticas lanzas los Navas y Peroti, a una Barça que dicen B pero que contaba con Leo, Alves, Keita, Adriano y otros fueras de serie.

En el transcurso del segundo tiempo, mientras la hinchada bética reconocía sus pecados en la misa, el italiano Cigarini hizo la luz y tanto Fabiano como el elegante Kanouté les metieron tres chícharos como tres soles a los campeonísimos de Pep Guardiola.

Al día siguiente, por ayer domingo, los aparcamientos de El Abanico se poblaron más que de costumbre de fieles. Para mí, es un decir, que todos eran sevillistas, pues por la forma de dar gracias al Supremo todo hacía suponer que el día anterior había tenido lugar un milagro en el Sánchez Pizjuán.

Tal como lo viví, lo relato, para que quede constancia de ello y para que Manuel, buen bético y mejor amigo del Gran Vía, tenga constancia de ello.

La fe es la fe.

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