sábado, 14 de agosto de 2010

Melilla y España


Haber nacido en Melilla tiene ciertos privilegios que yo sepa. Sirvan de ejemplo los siguientes: los melillenses hemos convivido con distintas comunidades étnicas, a saber, la musulmana, judía e hindú; sabemos de verdad lo que es la Alianza de Civilizaciones y el respeto que hemos compartido desde aquellos pupitres con tinteros incorporados, ello da un matiz de tolerancia que, a veces, los nacidos en la península no poseen; sabemos de aquellos tiempos ancestrales del llamado Protectorado Español; algunos conocimos, a través de la mesa de camilla, la llamada guerra del moro; conservamos, a través de la historia oral contada de padres a hijos, la tragedia que para todos supuso aquella guerra rifeña; más de uno, entre ellos el que esto escribe, hemos pernoctado años en kábilas como maestros asesores de la población musulmana acompañados de profesores marroquíes y maestros del Corán, vivimos la independencia de Marruecos entre chumberas y minas de Afra y Uixan, hemos atravesado en múltiples ocasiones las fronteras de Benianzar y Farhana, y hasta nos hemos enamorado de alguna guapa mora morena.

Somos, pues, hijos de colonizadores y colonizados. Supimos pasar de ordenar a convivir en paz. He jugado al zorro con Abderrahaman Ben Chergui y cruzado el charco en más de cien ocasiones en aquellos barcos llamados Vicente Puchol y JJ Síster y sabemos de temporales de levante y poniente.

Pero siempre, lo que son las cosas, nos ha dado el tufo de un cierto desdén o complejo de todos los gobiernos, dictatoriales y democráticos, al reconocimiento pleno de la españolidad de Melilla.

En la actualidad corren, parece ser, malos vientos para la ciudad de mi querido Barrio Obrero. El gobierno echa mano de SM el Rey para que interceda, a manera de ministro de Exteriores, ante el Sultán Mohamed, cuando lo que debería hacer es una pequeña demostración clara y contundente sobre Melilla, Marruecos y España.

A fin de ilustrar a nuestros ineptos gobernantes, transcribo este soneto que hace años escribí y que creo deja claro nuestro origen:

Que ceda lenta la envolvente boria/
del verde mar que os besa como lago.
Que hable la vieja puerta de Santiago
por donde Estopiñán meció la noria

de mi tierra, mi cuna, mi memoria.
Que broten nardos del pasado vago
de Melilla, y remueva el verso mago
las carcomidas grietas de su historia:

fenicia, Rusaddir, sutil romana,
vándala, visigoda, musulmana,
de Medina Sidonia azul ducado,

y cuando la gran cruz, Castilla izóla
en fe del Nuevo Mundo inacabado
emergiste ya incólume española.

Por si les sirve de algo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario