jueves, 19 de agosto de 2010

El montaje de Rafa Toscano


Buena parte del tiempo que resido en La Antilla lo paso en el club Vera de Mar. Dicho club tiene la misma vida que los apartamentos “El Abanico”, lugar con el que linda, de manera que son más de cuarenta y tres años los que llevamos juntos.

Son varios los reposteros que han pasado por “Vera de Mar”. Desde el histórico Patro hasta el que lleva ahora la vara de mandos, Rafa Toscano, lepero de pura cepa.

Rafa se diferencia de todos en que este año ha sacudido a la larga playa donde el viento silba nácar con un espectáculo insólito por estos parajes de marismas, traiñas y choqueros. Ha traído, ni más ni menos, que a Paco de Lucía que esta noche, por ayer, nos deleitará con la magia de su guitarra.

Pero si el mágico espectáculo nos lo brinda Paco de Lucía, se debe al montaje de Rafa Toscano, pues también ha sido otro espectáculo ir contemplando como en tres días desaparecían las pistas de tenis, se cubría la piscina y se montaba un mecano que albergará a más de mil quinientas personas, entre las cuales, claro está, nos encontraremos mi hija Rosamary y el que estas líneas escribe.

Por cierto, que si Dios quiere, mañana intentaré hacerlo sobre Paco de Lucía, pero hoy, lo que se dice hoy, lo hago sobre el hombre que ha posibilitado que vivamos unas horas inolvidables: Rafa Toscano.

Toda la prensa se ha volcado en el del instrumento de las seis cuerdas, y algún informador ha nombrado, de pasada, a Rafa. Sirvan estas líneas de tributo a todos aquellos que, como Rafa, arriesgan pasta y tiempo con afán aventurero. Ellos son los que hacen posible que otros, a través de ellos, gocemos de la media luna, del temple, de la caricia de las seis cuerdas y del arte que embruja, o sea, que se hace carne entre nosotros.

Sin gente como Rafa pasaríamos por la vida sin ser testigos de un milagro.

www.josegarciaperez.es

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