martes, 31 de agosto de 2010

El éxodo


Se ha iniciado el éxodo de los afortunados ciudadanos que dicen han disfrutado de vacaciones. Vuelven bronceados a lo poco que va quedando de trabajo. Cada quisque soltará el rollo que le hubiese gustado disfrutar. Las familias volverán a vivir más holgadas de sobrinos, primos, cuñados y amigos que hacen imposible la convivencia. Las parejas que sobrevivan tendrán la suerte de no tener que soportarse las veinticuatro horas del día. Existirá, pues, más libertad e intimidad con uno mismo.

Se van los que tienen que volver al trabajo nuestro de cada día. La partida de dominó ha quedado partida por la mitad. Los niños y niñas volverán a saber de la carcelaria escuela, de las nuevas editoriales, de los deberes en casa y de los cambios de infancia a niñez y adolescencia.

Cierra la pescadería de Antonio Coro y las bailas y acedías habrá que ir a comprarlas al mercado central. La playa se ha quedado inmensa, desierta, exótica y agradable. Tan sólo los jubilados que tenemos algunos “posibles” podemos disfrutar de ella. Yo me quedo en la soledad de los demás y sin sus algarabías. Todo queda para mí desde levante a poniente, desde el alba al ocaso, desde la marisma a los pies de las dunas.

Los que se precipitaron en demasía han perdido unos días de éxtasis. Tan sólo llevan consigo parte del infierno en forma de bronceado y los ahorrillos chamuscados en demasía.

Por una serie de circunstancias podría seguir aquí hasta marzo del año que viene. Marzo, mes de poesía y creación. Todo lo que pueda hacer en la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, es posible realizarlo en el lugar “donde el viento silba nácar”. Un ordenador, un móvil de nada y una conexión a la Red son suficientes.

Lo estoy pensando en serio. Ya ven que he sacado del baúl de los objetos olvidados el viejo poncho de “Silabario de amor”, una cazadora guardada en alcanfor y poner en marcha la creatividad e imaginación. Si le echo bemoles, me quedo.

Si claudico, volveré al asfalto, a los contenedores, a las envidias y a las sabrosas guerrillas literarias y políticas.

Aquí tengo la posibilidad de ser en sí mismo.

www.josegarciaperez.es

2 comentarios:

  1. Don José:
    Yo no lo dudaría, ya que me gusta escapar para disfrutar de la soledad de/en "mis playas y montes" y cada vez que puedo, allí me pongo, con cuaderno, lapiceros y si mis brazos lo soportan, el portátil.
    Un abrazo.

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  2. Con las edades que manejamos, las experiencias vividas,todo lo que hemos sacrificado por los demas, creo que ya es hora de ser unos mismo.
    Hace dos dias he enterrado a una gran amiga, como duele la perdida, es una experiencia dolorosa y nueva. Perdemos tanto a lo largo de la vida, que por un instante ser uno mismo y VIVIR no puede ser ofensa para los que nos rodean. Le animo a que lo haga. Isabel

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