lunes, 19 de julio de 2010

Un bucle de poesía


Con mis cuatro trozos de depresión, cogí Habitación en Arcos, un hermoso libro de poesía del gaditano Antonio Hernández, subí al viejo Toledo y me la jugué camino de Sanlúcar del Guadiana. El motivo no era otro que huir del pesado ficus que últimamente se entromete demasiado en mi vida y demostrarme a mí mismo que soy capaz de valerme por mí mismo en un momento dado.

Ya había vivido otros años las riberas del Guadiana, río fronterizo dicen lo humanos. Almorcé poca cosa, sostuvo mi cuerpo cuatro o cinco vueltas por ese deleite de entrañables callejuelas y me introduje en el paisaje de la comarca. Arrastré mis años por un sendero que me llevó de bruces a la frágil contemplación de una cigüeña en permanente vigilia de sus polluelos, algo parecido a la mirada de mi madre que, tras una humilde ventana, seguía mis pasos. Cuando volvía la vista, los blancos visillos caían con ternura; creo aún percibir su mirada.

Comprendí, en una ráfaga de musas incontroladas, que no existe paisaje exterior sin la vivencia del laberinto interno de cada uno de nosotros. Alumbré lo que tenía de desierto con la sombra del recuerdo. Sombra y luz arbitraron una pizca de vida, y creo que hasta la cigüeña conjugó una nueva caricia a sus polluelos.

Un cigarrillo y una mirada al azar a Habitación en Arcos me trasladaron a una nueva meditación. Leí: “Yo te he visto crecer, ciudad, dentro de mí./ Crecer todos los días desde el alba naciendo,/ a esa hora que es fuente en el espacio,/ cuando el cielo era urdimbre/ de candela que puja entre las sombras/ parece clamar algo con respecto al secreto…”

Sólo crece lo que se alimenta. La imaginación en poesía está en peligro. Una locura de falso realismo social recorre y cercena el estado de gracia de la concepción poética. Sentí un pellizco, un tirón a soñar, a crear… y escribí estas líneas.

Arrastra el copo en sus artes variados pececillos. Hoy he intentado arrastrar unas líneas de poesía. Nuestra sociedad necesita de ella, necesita un algo de conversión: pasar de ser piedra a ser de carne.

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