sábado, 3 de julio de 2010

Salud responde


María Jesús Montero Cuadrado, bella Consejera de Salud, es bastante más que una política. Sin temor a equivocarnos, podríamos afirmar que, en esta ruinosa canícula que nos prestamos a soportar, se ha convertido en nuestra auténtica madre.

Sin importarle tres leches el estado de las arcas de la Junta de Andalucía, y mucho menos lo que pueda pensar Zapatero “el tijeras”, ha enviado a todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas de esta tierra de María Santísima un lujoso tríptico en el que nos aconseja las medidas a tomar ante las calores que se avecinan.

De momento nos facilita el teléfono 902 505 060, Salud Responde, operativo las 24 horas del día, los 365 días del año, con el que nos podemos y debemos ponernos en contacto ante cualquier síntoma que nos alerte que estamos sumergidos en un peligroso “golpe de calor”, a saber: piel caliente, dolores de cabeza, náuseas, sed intensa, confusión, pérdida de conocimiento, convulsiones y agresividad inhabitual, más o menos todo aquello que padecen el millón de parados largos que existen, o ya la han palmado, en Andalucía.

Coma según su costumbre, pero sin atiborrarse de suculentas pringás. Puede y debe, si no tiene más cojones, asistir a los comedores sociales de Cáritas. Aunque no tenga sed, beba agua a punta de pala, pero no consuma bebidas alcohólicas a excepción de esas cervezas sin chicha ni limonar que tienen un 0 como señal que las identifica como no deseables. Permanezca en su casa a esas horas en que no hay un Dios que esté en la calle y busque la habitación más fresca, pero si ésta no existiese tome un puñado de euros y láncese al encuentro de un local climatizado en el que pueda salvarse del mortal golpe de calor, aunque coja un enfriamiento de mucho cuidado… Y así la santa María Jesús nos va aconsejando para que no la diñemos este verano.

Se olvida del botijo, objeto ancestral salvador de tantos y tantos golpes de calor, así como tampoco ha mencionado el blanco pañuelo que con cuatro nudos en las puntas y en permanente estado de humedad nos mantiene en forma.

Pero no prohíbe hacer el amor en la hora del diablo, la siesta, aunque pueda llevarnos a la levitación o ascensión a los cielos, una bella forma de morir por deshidratación.

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