sábado, 24 de julio de 2010

Que Dios se apiade de mí


El viejo apartamento ha sido ocupado por diez nuevos inquilinos. Han llegado de sopetón. Han venido para irse y llevarme, llevarnos. Aquí se quedan, debidamente atendidos, Limón, Kiwui, Melocotón, Fresa, Almíbar y Merenguito. Cuatro “inseparables” y una novia, Almíbar, que han traído para Limón que, según mi parecer de patriarca, no está ya para ningún trote.

El resto, ya saben, dos regalos: mis nietas Carmen y Elena, una manifestación sagrada, mi hija Rosamary, y un buen hombre amante de la Naturaleza, Manuel, que ustedes supondrán es el que ejerce ese nombre tan feo de yerno.

Y decía que han venido para llevarnos a otros lugares. Cosas de trenes, aviones, grandes barcos, islas griegas y Estambul. Según mis previsiones, hago la señal de la cruz, cuando usted lea estás líneas nos encontraremos en el puerto de El Pireo (Atenas) embarcados en una localidad flotante de nombre Zenith.

Aunque para llegar hasta ese fin del mundo, un servidor de ustedes se habrá encomendado a todos los santos, incluidos Zapatero y Rajoy. Y es que me echo a temblar, palabra de honor, ante esos eternos tránsitos, porque, el menda, en saliendo del Gran Vía, ya saben, y calle Mármoles, se hace un lío de mucho cuidado.

Supongamos -vuelvo a hacer la señal de la cruz y mando al demonio a tomar por donde mi amigo Chema hubiese dicho- que todo sale bien. Qué hacer entonces, ¿sigo escribiendo mis artículos o les voy contando mis aventuras y desventuras?, quizás ustedes deseen descansar de este maníaco escritor, pero yo, como dice la gente de mi barrio, no me hallo sin sobar las teclas de un ordenador. Pero tampoco sé de la posibilidad de poder hacerlo en el barquito de marras.

De manera que lo mejor será que lo dejemos a lo que Dios quiera. Estoy cayendo en la cuenta, lo que son las cosas, que estos artículos que escribo a diario, más que opiniones, conforman una especie de novela autobiográfica, pues se va estableciendo una complicidad entre el escritor y el lector.

Ea, ya veremos en lo que queda todo. Tendrán ustedes noticias, no lo duden.

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