viernes, 9 de julio de 2010

Pujol decide


Los prohombres de la política catalanista se manifestarán mañana por Barcelona bajo el lema, traduzco al castellano: “Somos una Nación. Nosotros decidimos”

A mí no me parece mal, tampoco bien, que miles de personas, tal cientos de miles, se arremolinen tras la senyera para expresar un sentimiento patriótico que a otros pueda parecer trasnochado. Ahora bien, lo se dice decidir requiere pasar de las palabras a la acción y eso es harina de otro costal que no siempre da buen resultado.

Vivimos unos momentos de efervescencia nacional. Hay banderas de España en todas partes y se han agotado las existencias. El fútbol, el buen fútbol, lo que son las cosas, ha conseguido formar más patria o nación que toda la clase política y que el mismísimo Tribunal Constitucional. Hasta la Reina doña Sofía se ha presentado en Durban (Sudáfrica) vestida con un traje rojo, zapatos del mimo color y una armoniosa bufanda amarilla o gualda que, en su conjunto, venían a simbolizar a la nación española.

Tengo la sensación, de tanto ver el rojo y gualda, de que las hojas del ficus que asoman a la terraza han cambiado su brillante verde por pinceladas de rojo y amarillo, y en la jaula del canario Limón he colgado cintas rojas en sus barrotes que hacen, si no más agradable su visión, sí más de acuerdo con el momento deportivo que vivimos.

Que estos chavales juegan como Dios es perfectamente conocido por todos los que ven fútbol y que Del Bosque es un señor que arriesga con un quita y pon imprevisible, pero que tiene mucho de profético, es una realidad propia del jugador que en la ruleta francesa coloca todo lo que tiene a 32, rojo, par y pasa.

La selección lo ha bordado y cada uno de sus integrantes ha alegrado las tristes pajarillas de los que más sufren la crisis económica, pero permítanme que nombre a Charles Pujol, catalán y tal vez catalanista que viniendo desde atrás ha rematado el saque de esquina de Xavi con toda la furia posible del que sabe puede decidir la historia del fútbol español, y ello introduciendo la cabeza entre un bosque de gigantes, deteniéndose en el aire y jugándose la sesera.

Esa imagen, histórica ya, es la de la decisión. Vayan ustedes aprendiendo a decidir.

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