viernes, 23 de julio de 2010

Póker


A cerca de cuatrocientos kilómetros de mi lugar de residencia, una de las cosas que más hecho de menos es mi partida de póker de los sábados. Desde siempre se ha jugado, algunos las pestañas y otro las lentejas. La vida es un juego constante. De aquel SÍ que se dio en una ocasión o del NO que se pudo dar nos hemos jugado, a veces, hasta la propia felicidad. Por un buen mordisco a una manzana, aquellas metáforas de Adán y Eva se jugaron el lúdico Paraíso Terrenal que, de ser cierto, lógicamente yo no me lo creo, debería haber sido una bendición de Dios.

La puñetera Hacienda se embolsa una inmensa cantidad de euros por las ganas que tiene el gentío de que la suerte le sonría. Se juega a todo: maquinitas, cupones, cuponazos, lingotes de oro, primitivas, bonolotos, blackjack, bacarrá, tute, julepe, parchís, a hacer el amor, giley, dados, ruletas francesa y americana, a los chinos, a cara o cruz y a saber la biblia en verso, pero nada es comparable con una buena partida de póker entre amigos que, en el momento de empezar a barajar la 818, se convierten en enemigos. Todos me quieren ganar y yo deseo hacer lo mismo con todo ellos. Y a veces, lo consigo.

Nosotros jugamos al póker póker y no a ese descafeinado que se juega en los campeonatos televisados y que es un puro entretenimiento de chicha y nabo. Lo nuestro es el descubierto con el 8, 9, 10, J, Q, K y As. Tus dos cartas boca abajo y otras cinco descubriéndolas con la parsimonia litúrgica de la ceremonia, una a una hasta llegar a la última donde las cosas se clarifican, las caras mudan de color, los tacos florecen como brotes verdes y las fichas van cambiando de lugar.

Una buena partida de póker, la nuestra dura cuatro horas, es algo más que un orgasmo, porque este pasa rápido y puede dañar al lumbago. Nuestra partida de póquer es un masaje cerebral de cuatros horas de duración, donde no se permite hablar de política y problemas, a lo más, un taco que se agradece.

Aunque a veces pierda, las menos, siempre gano. Mañana echaré de menos a Manolo, Eduardo, Chema, Ismael, Carrasco, Paco, Luciano y Pablo.

Volveré y os machacaré. Al tiempo.

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