jueves, 22 de julio de 2010

PNV, BBK, Iglesia y Zapatero


Por este lugar donde el viento silba nácar, en la llamada Casa del Palo, lugar que con la Torre del Catalá, sirve de referencia a los pescadores aficionados para encontrar un roqueo en el que yo, con mis propios ojos, he visto pescar un congrio que medía más de metro y medio, y con el que más tarde nuestro amigo Patro nos hacía un caldo marinero que nos chupábamos los dedos, pues bien, en dicha casa habita un hombre sabio que sabe de todo y lo comunica mucho mejor que cualquiera de nuestro políticos y políticas.

Cuesta trabajo llegar hasta ese lugar donde la lechuza, símbolo de la sabiduría, se cobija de los ataques de los que no ven más allá de sus propias narices, multitud infinita. Como ayer existía una bajamar atractiva y lujuriosa que incitaba a un largo paseo, me coloqué un legítimo sombrero de Panamá, calcé mis delicados pies con algo apropiado para salvarlos de la jodida ataxia y coloqué en la correa del corto calzón una cantimplora de las de antes.

En la puerta de la humilde casa, abierta por supuesto, había colgada una pequeña nota en la que se leía: vuelvo a las doce, estoy cogiendo cangrejos en el río Piedra. Traspasé el umbral, tomé acomodo en una rancia butaca, cogí un libro de Pessoa, lo abrí al azar y esperé la llegada del Manteco que es como lo conocen por aquí aquellos que creen conocerlo.

Como él sabe de mis preocupaciones por lo andaluz, en cuanto me vio, tras un rudo apretón de manos, empezó a hablar del negocio de los votos, las Cajas y la Iglesia. A esta última tan sólo le dedicó un dardo evangélico: no se puede servir a Dios y al Dinero, y punto. Durante el pasado debate del Estado de la Nación, los señores Elkoreka y Zapatero, pactaron la prostitución de la política en una farisaica declaración de amor: tú me das y yo te doy. Tú le das a nuestra Caja BBK, “propiedad” del PNV, Caja Sur y, a cambio, yo te apruebo los Presupuestos de 2011, y otro punto.

Intenté comentar algo, pero me aconsejó lo siguiente: “déjate de paridas de olivos andaluces, y cuando relates lo que te he comentado cambia mi nombre y el lugar de encuentro.”

Pues, lo que son las cosas, podría llevar razón el Manteco.

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