lunes, 12 de julio de 2010

Los mejores del mundo


Los tulipanes pusieron el partido difícil. Primero por la leña que repartieron durante los primeros quince minutos y después porque el jugador de cristal comenzó a driblar y centrar como sólo el sabe hacerlo. El inglés del pito fue demasiado permisivo con las brusquedades holandesas, menos con las españolas, y dejó que la dureza, propia del fútbol, diera paso a un encuentro en ocasiones demasiado bronco.

El novio de la Monedero, bellísima ella, nos salvó en un par de ocasiones claras del representante de los Países Bajos, pero se olía que la roja podía llevarse el gato al agua y la Copa para España. Por cierto que esta nación llamada España, a pesar de algunos cenizos, ha vivido, y casi ha muerto de un infarto colectivo, esta final a tope. Lo mismo en Cataluña, donde me cuentan que Carod Rovira y algún otro más la ha visto de forma disimulada, que en Madrid, Málaga o Sevilla, lugar donde me dicen que dio una explosión de júbilo cuando Jesusito Navas saltó al rectángulo a hacer de la suyas, y vaya si las hizo.

Al estar fuera de mi perímetro urbano y dado que uno no está para mucha bulla, he optado por ver la final en la vieja terraza donde asoma el ficus, acompañado de la parienta, de alguna intendencia etílica, sutilezas de tapas, una botella de champán y unos comprimidos de valium-5 por lo que pudiera pasar y pasó, o sea, con la cojonera de corbata durante 117 minutos, momento en el que Iniesta, con muchísima más fe que algunos columnistas de http://www.diariolatorre.es/ , engatilló la bola con la derecha y España cantó goool antes que el balón penetrase los tres palos de la portería holandesa.

En la distancia, en la cárcel y en los recitales de poesía es donde se ven los amigos, también las amigas, pero este deporte diga lo que diga Bibiana Aído es más bien cosa de hombres. Pues bien, previa al inicio del encuentro recibí una llamada de Javier de Molina, buen detalle del jefe; en el transcurso del encuentro mi hija me llamó en varias ocasiones; también un sobrino sevillano y sevillista; pero créanme que ninguna de esas llamadas me tocó de lleno como la realizada desde la Cafetería-Bar Gran Vía, calle Don Cristián de esa ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, y donde paso buen parte de lo mucho o poco que me queda de existencia.

Ellos son amigos y por ellos, Antonio, Manuel el bético, Pepe “el pollo”, Jimmy que es capaz de procesionar cuatro o cinco tronos en Semana Santa, Ignacio el intelectual, Fernando el de la Cultural Leonesa, Julio y su perrito, César, Juan y tantos otros, y por ellos, decía, alzo mi copa de champán a altas horas de la madrugada y brindo por la amistad, el fútbol, las pruebas de la flora intestinal y el alcohol.

Mañana todo seguirá siendo igual, o sea, cada uno tirando de su carreta de problemas, pero esta noche España entera, salvo excepciones de auténticos gilipollas, hemos sido felices.

Salud.

1 comentario:

  1. Y a quien le de vergüenza, que se silencie, pero yo... yo soy español, español, español... y sí, he vivido una noche de ¡aupa!
    Abrazos, Pepe.

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