jueves, 8 de julio de 2010

Lo legal y lo injusto


Hoy ha amanecido de fútbol, pero no para mí. Un fuerte viento de levante agita las hojas del ficus que asoman a la terraza, y Limón, mi viejo canario, canta todos los palos.

He bajado a la pescadería de Antonio Coro y he comprado seis búsanos de buen tamaño, seis plateadas sardinas, dos brecas que estaban saltando, un puñado de gambas blancas y unas pocas de chirlas. Nos vamos a dar un pequeño festín los dos, quiero decir con mi compañera; nos lo merecemos. En realidad, tres conforman una tribu, y con dos más aparece la multitud.

Llueve y las hojas del ficus y su verde resplandecen cuando algún rayo de sol se deja ver, pero es una fugacidad porque la bocana de negros nubarrones que se divisa en la cercana Portugal presagia un bello día de tormenta.

Esto que ven mis ojos es la fuerza de la naturaleza en toda su plenitud, una auténtica manifestación de lo sagrado, de aquello que el hombre no puede cambiar. Sin embargo, el hombre y la mujer que son hijos de esta realidad si pueden ser cambiados, suplidos, tarados, eliminados. También el resto de seres vivos y la flora y tal vez los búsanos, sardinas, brecas, gambas y chirlas que he comprado esta mañana hayan sufrido alguna manipulación o cosa parecida.

Arrecia la lluvia que no entiende de leyes, mientras los hombres, también las mujeres, se resguardan bajo el paraguas del acatamiento de lo legal, legalidad que casi nunca es justa, para limpiar la cobardía del sometimiento a la leyes que fabrican otros en función de las llamadas ideologías, ideologías que cubren con vestiduras farisaicas de progresistas y/o conservadores.

La única ideología es ser humano y la única ley debería ser aquella que potencie su humanidad. No deben existir leyes. Ni políticas ni eclesiásticas. Tan sólo el hombre libre tensionado a ejercer de hombre para conseguir el bien general y el individual. Hacer real el proyecto para el que desembocamos a este mundo, ser hombre o mujer.

Pero hoy, cuando más llueve en este lugar donde el viento silba nácar, no hay sitio ni para el proyecto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario