viernes, 16 de julio de 2010

La Virgen del Carmen


Tan sólo se es libre ante la posibilidad de optar. Cuando me he sentado esta madrugada en la terraza para teclear algo que pueda interesar a usted, he tenido que optar entre hacerlo sobre el Estado de la Nación Catalana, pues no otra cosa ha sido el circo del debate sobre el Estado de la Nación, o apuntar mínimos detalles sobre la Reina de los Mares, la Virgen del Carmen.

Al leer el título de este copo tienen clarísimo que un servidor de ustedes ha optado por la fe del carbonerillo, dejando para otro día, tal vez mañana, entrar en el juego de descubrir la mascarada de sabotear la esperanza de más de cuatro millones de parados y lo que colea.

Me lo decía la señora Antonia, mi muy querida madre que me concibió tal como soy y que por más que muchos no quieran seguiré siendo; es ese tatuaje de leche, menos llamativo que el de Sergio Ramos, pero bastante más eficaz y perecedero hecho vida desde sus pezones. Ya ven que todavía porto alrededor de mi cuello aquella bendita medalla de la Virgen del Carmen.

Siendo una mujer de mucho carácter, ella tenía debilidad por su Virgen particular, la de los pescadores. No creía en cualquier Virgen, sino en la de Carmen, aquella que salvaba, según me contaba en esta sagrada terraza, a sus abuelos y padres de las tarascadas de la mar en las almadrabas de La Higuerita o por mares de Tarifa.

La Virgen del Carmen, bonito nombre tiene mi nieta, es propiedad exclusiva de Real Cuerpo de Pescadores y, si me apuran mucho, de los pecadores, por más que los políticos, siempre los políticos, ay Dios que yo también lo he sido, se quieran apropiar de ella.

La del Carmen, más importante que Xavi y los suyos y a una distancia infinita de la casta política, simboliza y pone a flor de piel el misterio de la fe encarnada en una imagen con sabor a salitre oreado por los vientos de levante y poniente.

No me sé explicar como yo quisiera, pero es que estas pequeñeces tan sólo son comprendidas cuando se viven, por ello esta tardenoche clavaré mis reales en el Barrio de los Pescadores de “donde el viento silba nácar” y allí volveré a oír aquel rosario de nanas marineras transmitidas de generación en generación.

Es una especie de susurro que me llega y sirve.

1 comentario:

  1. Salve, Estrella de los mares,
    de los mares iris, de eterna ventura.
    Salve, ¡oh! Fénix de hermosura
    Madre del divino amor.
    De tu pueblo, a los pesares
    tu clemencia de consuelo.
    Fervoroso llegue al cielo y hasta Ti,
    y hasta Ti, nuestro clamor.
    Salve, salve, Estrella de los mares.
    Salve, Estrella de los mares.
    Sí, fervoroso llegue al cielo, y hasta Ti,
    y hasta Ti, nuestro clamor.
    Salve, salve Estrella de los mares,
    Estrella de los mares,
    salve, salve, salve, salve.

    Y ahora, amigo Pepe, me largo a "mi mar", que el domingo navegamos a la virgen del Carmen.

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