miércoles, 14 de julio de 2010

Intermedio


No estoy bien y no tengo ganas de escribir. La vida te lleva y te trae como a un simple muñeco. De repente, porque sí, te encuentras deshilachado y sin ninguna idea fresca que creas merezca la pena ser escrita. Son tantas las columnas fabricadas que ya parece agotado el manantío que las regaba.

Así que no pienso, tan sólo deambulo por este maldito teclado sin ton ni son. Me agradaría escribir lo que de verdad siento, de la soledad que acampa junto a mí e intenta que sucumba a ella. Intento vencer el tedio, la penumbra y la neblina que hacen que mis ojos no vean la felicidad que puede, quizá, estar al alcance de mi mano, pero que no haga nada por saborearla.

He fracasado, pues el fracaso es el divorcio entre lo que se siente y lo que se dice. Y tras el divorcio entre ambos polos, llega el desequilibrio. Bien es cierto, alguna vez lo escribí, que tan sólo las mentes desequilibradas gozan de la capacidad de crear.

En vez de estar en este laberinto de muy difícil salida podría dedicarme a seguir escribiendo sobre el gol de Iniesta, o tal vez lo mejor sería hacerlo del beso que Iker dio a Sara, pero son tantos los goles y tantos los besos que llegan a convertirse, a poco que pienses un poco, en anodinos. O ya ven la carnaza que hoy nos mostrarán Rajoy y Zapatero. El fútbol, el amor, la política.

Este último párrafo que acabo de escribir sobra de este artículo. No viene a cuento ni tiene razón de ser, pero lo voy a dejar para que quede constancia que hoy no tenía ganas de escribir. A lo más que me conformaría es que alguien fuese capaz de extraer de mí una leve sonrisa. Pero no, es imposible. No existe ese alguien.

No me encuentro bien. Es como si comprobaras que se te va la vida y no has dicho y/o hecho todo aquello que hubieses deseado y que casi has llegado a tocar con las yemas de tus dedos. Eso que llaman perder el tiempo, y ya ven que somos tiempo y nada más.

2 comentarios:

  1. Y eso que no tienes ganas de escribir...
    Cuando te lleguen las ganas, ¿por qué no escribes de lo que tanto sabes? ¿por qué no esribes de escribir?
    Un abrazo, amigo Pepe.

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  2. Gracias Jesús, por tu seguimiento constante.
    Abrazos

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