jueves, 15 de julio de 2010

El Puerto de Málaga




Yo no puedo realizar una crónica sobre sucesos de Málaga como un opinador local de mucha o poca monta. Y no lo puedo hacer porque todos los artículos que escribo en http://www.diariolatorre.es/ , los cuelgo en mi blog personal, al que pueden acceder pinchando “el copo de pepe”, y dado que el número de adictos, según un chivato contador, va incrementándose como la ruina de los españoles, no tengo más remedio, cuando trato de Málaga, la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, que sea forzoso por mi parte el describir a algunos de sus ilustres personajes.

Es un tópico de esta ciudad el afirmar que sus habitantes viven de espaldas al mar, cuando su mar inunda todos los rincones de ella. Málaga está casada con él, como cualquier pareja de hecho o derecho, o sea, desde la tediosa y eterna compañía hasta el esplendor orgásmico de su visión. En realidad toda esta historieta viene a cuento porque el Puerto está en el mismísimo centro de Málaga y dadas las carencias atractivas del mismo no es fruta preferida de la población malagueña.

He perdido la cuenta, pero hace un montón de años Ayuntamiento y Autoridad Portuaria decidieron hacer un paraíso fértil de ese desierto infecundo. Se iniciaron pues proyectos a toda pastilla que unas veces por hache y otras por ver pasaron a la historia de los despropósitos. Por fin se hizo el milagro y todas las fuerzas vivas de la ciudad pusiéronse de acuerdo.

Dedicado a otros menesteres he perdido la cuenta de si el proyecto definitivo es ya una realidad, pero hoy tecleando en google descubro que lo que ya parecía un acuerdo total para ubicar en la llamada esquina de oro, lugar donde confluyen el Paseo de los Curas con el de la Farola, un edificio de uso cultural gestionado por Unicaja, ha saltado por los aires tras una reflexión del actual alcalde Francisco de la Torre, político desde los albores de la democracia y aún antes de que ésta se instalase. La Autoridad Portuaria que preside Enrique Linde, único guerrista que queda en activo, exceptuando a Alfonso Guerra, está hasta los mismísimos de las eternas reflexiones del Regidor de la Villa malacitana que, desde siempre, se ha distinguido por la duda. Y han roto los papeles.

Es seguro que todo este tinglado no importe a nadie, pero como yo, hace años, me había prometido a mí mismo entrar al Puerto sin necesidad de saltar su enorme verja o reja, pues me cabreo y digo parte de lo que me parece.

Ustedes perdonen.

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