viernes, 30 de julio de 2010

El Copo. Estambul


Para la gente de la mar entrar y atracar en el puerto de Estambul es una manifestación sagrada. Ese ir y venir de barcazas, barquitos, barcos, cruceros de un lugar a otro creando estelas en el cerrado Bósforo es un homenaje a la vista que no desaparecerá nunca de nuestra visión. Si pueden, no lo duden, lleguen a la ruina por entender lo que quiero decir. Carmen y Elena alucinaban en su contemplación.

Cualquiera de los nombres que ha ostentado esta ciudad huelen a pura historia, porque sí el nombre de Estambul es una maravilla, no lo son menos los que ostentó hace siglos, Bizancio y Constantinopla. Romana, bizantina, otomana o turca, toda ella es un conjunto seductor de cosmopolitismo maravilloso.

Nada debe pasar desapercibido al tráfico cotidiano de sus habitantes y visitantes. Dividida en dos partes por el Bósforo, como granada que crujimos en nuestras manos, Estambul divide y une a Europa y Asia.

Ya saben que sus monumentos más visitados son la Iglesia de Santa Sofía y la Mezquita Azul, siendo el Gran Bazar el más popular de todos por ese conjunto de miles de tiendas y tenderetes donde se vende hasta el alma si fuese necesario para comerciar con su salvación.

La multitud se convierte en un simple singular en Estambul. Todo es plural, hasta la singularidad de ese zoco de trato encubierto en todas las acciones que se realizan en su seno. Igual que me encanta la soledad de la vieja terraza donde el ficus asoma sus hojas, me agrada el batiburrillo de gentes en busca de todo y de nada, porque ahí, en ese torbellino humano y trashumante, también encuentro otra extraña soledad, esa que me hace ser diferente y no fotocopiado.

Las manos me sudaban y las de mis nietas resbalaban y parecían desengancharse de mis garfios. Pensé en la bulla donde podía perderse cualquiera de ella, y sorteaba y sorteaba el escandaloso desvarío de tanto ir y venir.

-Tranquilo, sonrió Sandra. Aquello creo que fue una percepción, pero vino a ser como un soplo de valium-5 que agradecí.

Ya en el Zenith, jugué una módica cantidad en la ruleta al 32 y vecinos. Salió el 0, vecino del 32, y cobré. Dormí como un bendito.

www.josegarciaperez.es
http://el-copo.blogspot.com o pinchando “el copo de pepe”
www.papel-literario.com

2 comentarios:

  1. Pepe, vine de Estambul hace unos días y veo que compartimos cierto amor por esa gran ciudad... Yo no tuve la suerte de visitar todas las demás que describes pero espero poder volver. te mando un abrazo, Ana

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  2. Seguro que conocerás todos esos maravillosos lugares.
    Un beso

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