lunes, 26 de julio de 2010

El Copo. Desde El Pireo


Tras los mil recovecos que suponen salir de La Antilla (Lepe) y estar en la borda del Zenith contemplando el parpadeo de las lejanas luces de Atenas, supondrán mis 88 lectores que uno no está para mas floritura que embarcarme con ustedes en un crucero de ficción, niñez e intentar pasarlo muy requetebién con mis nietas Carmen y Elena; con el resto también, pero son ellas las designadas como milagro de mi ilusión.

Atenas, ya ven, la cuna de la democracia. El lugar sin dogmas, por tanto sin religiones. La antigua Atenas, la cuna de los poetas, el mecimiento de los mitos, la fortaleza de los dioses. Cada dios la consecuencia de un poema, de un relato, de una ficción.

Sócrates, Aristóteles y Platón, la santa trinidad humana que nos ha legado todo el pensamiento que sigue existiendo. Ningún ser más ha obtenido de la nada tanto manantío como ellos. Todo saber es una vuelta a ellos, a los clásicos, a los que fueron capaces de extraer desde las entrañas del vacío del conocimiento el qué, porqué y cómo debemos enfrentarnos a la vida.

Pasé de babor a estribor. Encendí pausadamente un cigarrillo y disfruté del encuentro del humo expelido con el olor a salitre de todo lo que me rodeaba. –Me da fuego, por favor.

Era bella como una diosa, aunque al no haber visto jamás a una diosa tampoco lo puedo afirmar de modo contundente. Le pasé el mechero. –Gracias, viene al completo con toda la familia.

-Pues sí. ¿Y usted?
-No, yo vengo como hay que venir a estas aventuras de piratas.

Tenía los ojos verdes y no más de esa edad en que todas las mujeres tienen algo de apetitosa.

-Me llamo Sandra y a ti te conocen por yeyo, pero cuál es tu nombre.

Sonrojé. Se lo dije. Se había hecho la hora de cenar.

www.josegarciapérez.es
http://el-copo.blogspot.com o pinchando “el copo de pepe”
www.papel-literario.com

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