martes, 20 de julio de 2010

Al señor Rajoy, con respeto


Señor Rajoy: vaya por delante que no le he votado en 2004, 2008 y tampoco a su oponente señor Zapatero. Pertenezco a la prehistórica saga de diputados que confeccionamos, votamos y presentamos al pueblo español la Constitución de 1978. Pertenecí a aquella extinguida formación que intentó comandar Adolfo Suárez. La ruta dubitativa que respecto al Referéndum de Andalucía tomaron los prohombres de UCD, hizo que dejara sus filas y terminase, junto a Manuel Clavero, en el pintoresco Grupo Parlamentario Mixto donde también se encontraban, entre otros, diputados como Blas Piñar, Fernando Sagaseta y J. María Bandrés. En aquel conglomerado de distintas y extrañas sensibilidades nos cogió de sopetón el Teniente Coronel Antonio Tejero. Tras un breve tiempo, aunque intenso, pasé por la utopía del PSA, y más tarde me retiré a los cuarteles de la poesía, la literatura y el periodismo. Y en ellos sigo.

He seguido, con el interés propio de todo ciudadano preocupado por los problemas de los ciudadanos el debate sobre “el estado de la Nación” que, por cierto es deplorable, no el debate, sino el estado.

Sin entrar en el variopinto debate de hace unos días, lo más importante, apreciación muy personal, fue la invitación que hizo usted al Presidente para que disolviera el Parlamento y convocara elecciones generales. E igual de relevante fue la contrapropuesta que le hizo él en el sentido de que presentara usted una Moción de Censura.

El hecho de que la tenga perdida de antemano no es cortapisa para que le eche valor al tema y goce de la oportunidad de ser el verdadero protagonista en el Congreso. Tendrá tiempo de sobra para mostrar al pueblo, sin complejo alguno, su percepción real de España: sistema educativo, política energética, igualdad entre los ciudadanos que habitan las distintas comunidades autónomas, sean éstas regiones o nacionalidades, la problemática de la interrupción voluntaria del embarazo, las desigualdades económicas entre los diferentes Cuerpos de Seguridad del Estado, su visión de la Constitución como corpus jurídico que sustenta al Estado español, posible reforma de la Ley Electoral, supresión razonada de varios Ministerios, temas básicos concernientes a la Justicia, puesta en marcha del Recurso Previo de Inconstitucionalidad, medidas reales para superar la crisis económica, etc.

Señor Rajoy es usted un privilegiado. Hable no para vencer, menos aún para llevarse a su terreno la voluntad de los Grupos Parlamentarios, hable claro, mirando a la cámara, y con ello sabiendo que es el pueblo español su único receptor.

Seguro que no vencerá, pero pudiera ocurrir que, si baja usted a la problemática real, convenza al pueblo. De eso se trata, de que sea capaz de incrustar en el corazón y cerebro de la ciudadanía que es usted un estadista de talla.

Con un correcto afecto.

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