viernes, 4 de junio de 2010

Jesús Navas


Uno de los graves problemas con el que van a apechugar determinados españoles y españolas, fumadores ellos y ellas, será la prohibición de fumar en lugares públicos a partir del 1º de enero de 2011. A la ministra Trini, la que se le metió entre ceja y ceja que nos tenían que banderillear con la vacuna de la gripe porcina y se endeudó, nos endeudamos, le ha dado ahora por suprimir el maligno placer de fumar tras un buen moka y un copetín en condiciones, todo sea por los fumadores pasivos que dicen padecen los malos olores de los aromáticos puros.

Si a este disgusto que me vendrá encima de aquí a nada, hay que añadir que me he hecho 400 kilómetros en mi viejo Toledo de 17 años de edad. Así las cosas, para qué mentirles, estoy reventado y tan sólo deposito mi esperanza en la partida de póker del próximo sábado en la que nos vamos a pelar mutuamente un grupo de amigos, mientras el chasquido del mechero enciende la llama del espíritu que impregna, posteriormente, de nicotina los desgastados pulmones y un rociar de güisquis salvaguardará nuestro organismo en puro alcohol.

Ante tan nefasta situación me he arrojado, flácido y con el calor haciendo de las suyas en mi débil cuerpo, en el sofá del fútbol para ver a los campeones de la roja jugar amistosamente contra los coreanos del sur.

Decía para mí, puesto que exceptuando el canto de mi canario Limón, el clima es de un silencio impresionante, vamos a ver como se porta la flecha de Los Palacios, el silbo del Sánchez Pizjuán, la frágil saeta que disparaba Dani Alves y que hoy tocaba hacerlo a Sergio Ramos, me estoy refiriendo, tal como ustedes suponen a Jesús Navas, el mejor o, tal vez, el único extremo derecho del fútbol español.

Este “Jesusito de mi vida” no es un jugón, sino un pedazo de jugador como aquellos míticos Basora, Gento o Collar. Posse una única obsesión, recorrer el ala derecha driblando a diestro y siniestro a coreanos del norte y del sur y lanzar la pelota al centro para que otros se cubran de gloria.

Pero como hoy nadie quería pasar al cielo estrellado de las glorias futbolísticas, ha sido el mismo el que ha metido un trallazo que ha quitado todas las telarañas que se encontraban en la escuadra izquierda de la portería del cancerbero coreano. Y gol.

Verán que me conformo con poco.

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