miércoles, 30 de junio de 2010

El fallo del Estatut


Personalmente, tras unos años de buscarle al “gato” más de cuatro patas, o menos, tal vez tres, el Tribunal Constitucional me ha decepcionado. Y qué le importa al TC que a un servidor le parezca un fiasco que los salomones de turno hayan repartido interrogantes por todos lados y no exista nadie conforme con su discutida decisión.

Es un fallo de un folio y medio, y no una sentencia; ésta aparecerá más abultada con un par de miles de din-4 y unas engorrosas interpretaciones que darán pie a componendas para cambiar la Constitución por la vía estatutaria.

Todos los protagonistas secundarios, léase partidos políticos, se han dado por cepillados. Unos de forma lisa y otros de manera rasposa. El señor de los trajes, Camps para más señas, ha anunciado que el Reino de Valencia pujará por conseguir los mismos beneficios que la ciudadanía catalana, ciudadanía que, por cierto, se da por jodida pues ya han montado una manifestación para el próximo día de 10 de julio. Honor mancillado, dignidad por los suelos y alergia por no haber conseguido introducir de tapadillo el concepto nación por la puerta del Preámbulo, aunque permanece literalmente, pero no en espíritu, aunque todo se andará.

Los señores y señoras del TC, todos juristas, han luchado por lo suyo, por todo lo relativo al ámbito judicial y ahí, justamente en ese lugar de la toga y el señorío del poder, han introducido las tijeras al estilo Zapatero y han ido a por todas.

Lo demás, aquello de la bilateralidad, o sea, del tú a tú, de igual a igual entre España y Cataluña sigue vigente, y aunque el atributo nación se mantiene sin mucho rigor, sí se chulea al máximo de los símbolos nacionales, bandera, himno y escudo. La lengua preferente en el Estatut es el catalán, y lo único que ha hecho el fallo del TC es convertirla en lengua normal, por lo que todo seguirá igual.

En fin, esperemos a la sentencia que es la que interpretará el Estatut, aunque no imponga nada. Asistamos a ver qué ocurre con el resto de Estatutos, incluido el Andaluz. Dejemos que pase el barullo de los espetos y las semi vacaciones. Y con la llegada del otoño, cuando la crisis económica suba hasta el cenit, será el llanto y crujir de dientes.

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