miércoles, 26 de mayo de 2010

Todo comenzó en Elche


Todo comenzó en Elche, tierras de palmeras y palmeros. Son palmeros los alcaldes socialistas que fueron a aplaudir a Zapatero en su primera intervención tras la crisis económica y la depresión personal.

Que yo no doy bandazos, decía con orgullo, y los palmeros lo jaleaban al grito de ¡valiente, valiente! No sabían los pelotas que veinticuatro horas después su “presi”, ZP, iba a determinar, bajo acuerdo del Consejo de Ministros y previsible publicación en el BOE, que a los regidores de España se les iba a prohibir, a partir de ayer, pedir créditos para adecentar jardines, arreglar baches, colocar cristales en los colegios, limpiar retretes, pagar nóminas y más cuestiones vecinales.

Cuando llegaron a sus pueblos se encontraron con el zapatazo propinado en la mismísima yugular de los patios de vecinos. Leído el golpe de estado a los ayuntamientos, sus primeros ediles tomaron los teléfonos para, con nocturnidad y alevosía, solicitar de la bancada privada millones de euros a fin de poder retirar basuras y preparar ferias que entretengan al personal.

Así pues, y dada la posible invasión de ratas en las vías de las villas, los alcaldes se reunieron en secreto y sin secreto e invadieron los aledaños de la Moncloa para comunicar a su inquilino la ruina que se aproximaba. Acojonado el bueno de Zapatero, pidió al impresor del BOE que insertara como errata la metedura de pata que va desde Aído a Trini pasando por la Salgado y Pepiño. Ante tal estado de cachondeo, se ha colocado en el Boletín Oficial del Estado que los alcaldes pueden pedir pelas hasta el próximo 31 de diciembre.

Y ahí van todos, rezando y pidiendo a la Virgen del Rocío que el director de la sucursal bancaria tenga a bien otorgarles la calderilla necesaria para regar la plaza mayor del pueblo.

Por otra parte, en el Congreso de los Diputados se ha aprobado una moción para que a los jubilados no se les congele la limosna y en el Senado, esa institución en la que dos andaluces, Montiila y Chaves, se entienden con pinganillos traductores, el personal de derechas patea la dimisión de Bambi, y el de izquierdas grita lo que los palmeros, a saber, ¡valiente, valiente!

Esto, España, es la pera.

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