lunes, 17 de mayo de 2010

Ser o no ser de izquierda: esa es la cuestión


El Gobierno, a través del polifacético ministro José Blanco, confía en que los sindicatos UGT y CCOO den una respuesta proporcionada al plan de ajustes anunciado por el Presidente Zapatero.

Vamos, que los mandamases políticos confían en que sus primos hermanos Cándido y Toxo no se salgan de madre a la hora de “canalizar” el posible disgusto de funcionarios, pensionistas y madres. Es curioso saber que reconocen que existe un cierto malestar en nuestra anónima sociedad, pero rápidamente se aprestan a que los agentes sociales de UGT y CCOO no aprieten las roscas más allá de lo políticamente correcto.

Desde luego que no será un servidor el que abogue por una huelga general que apolille más la ruina que se cierne sobre nosotros. No se trata, pues, de atizar el cabreo para que la olla estalle, sino de opinar en voz alta, o sea, por escrito y con el careto en el ángulo superior izquierdo, sobre parte de lo que pienso del tijeretazo y otras plagas que nos inundan.

Vaya por delante que parte del sarpullido nacional se debe a que el soplamocos en cuestión viene de la mano izquierda, sin olvidar que, junto a los paganinis, jubilados y funcionarios, existe la envidiable cantidad de cerca de cinco millones de parados, hecho que añade un plus de peligrosidad a los recortes sociales anunciados.

¿Existía otra forma de intentar reajustar nuestro déficit? ¿Era posible que la llamada izquierda socialista hubiese colocado sobre la tribuna del Congreso de los Diputados otro plan para insuflar vitaminas a la raquítica salud de nuestra economía?

Pues claro que sí, pero para ello habría que ser verdaderamente de izquierdas, o sea, con las tijeras en la mano izquierda, y sin que tiemble el pulso, cortar por lo sano buena parte de la ayuda estatal a la banca privada, o hacerlo con partidas presupuestarias militares y, si me apuran mucho, reducir determinadas ayudas a la Iglesia Católica, pero para ello es primordial ser verdaderamente de izquierda.

De lo que se deduce que no hay política de izquierda, sino política “siniestra”. Y todo porque no hay un par o porque Obama, Merkel y demás no lo permiten.

Vamos que a ZP y demás compañeros se les ha visto el plumero a la hora de la verdad. Y es eso lo que no perdona un gran sector de la sociedad.

Ya está bien de bobadas y de arremeter contra la legión de jubilados.

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