sábado, 22 de mayo de 2010

Poesía y fútbol en Sevilla


Lo saben mis adictos, soy sevillista. Lo saben mis lectores, soy poeta. Brinco con el Sevilla FC y me apaciguo con la poesía. Esta es una historia de pasión y ritmo endecasilábico.

Todo empezó el miércoles, día 19, a las nueve y media de la noche. Final de la Copa del Rey. Capel a los cuatro minutos introdujo el balón en la portería del Atlético de Madrid. Canté gol en la soledad de casa. No sonó el teléfono. Los amigos obviaron mi alegría. Peor para ellos. El segundo tiempo lo vi en el bar Gran Vía, calle Don Cristián. Antes asomé el careto por el cristal de la ventana de Gol Norte. En el extremo, o sea, en Gol Sur, observé a cuatro amantes del fútbol y de una copa compartida. Amigos todos. Ignacio, consorte sevillista, pero madridista; Fernando, de la Cultural Leonea; Manolo, bético hasta la médula; Pepe, madridista mesurado; y Antonio, catalino y dueño del bar-estadio. Buena gente. A dos minutos del final, Jesús Navas rubricó el segundo. Abrazos, besos y hasta Manolo el bético me dio la enhorabuena. Un detalle a tener en cuenta. “Llena Antonio”. Y bebimos. El teléfono, silencioso. Ni un detalle de amistad. Que os den, pensé y hoy lo rubrico. Envidiosos de la alegría.

Un mensaje se aposentó en el móvil. El poeta sevillano Víctor Jiménez había enviado un lacónico mensaje: “Enhorabuena, campeón.” El también es palangana.

Día 20, jueves. Marcho a Sevilla a un recital de poesía. Me acompañan en el acto Ángela Valvey, premio de poesía Ateneo de Sevilla, premio Nadal de novela y finalista del Planeta; y Víctor, gran poeta y estupendo sevillista. También tiene sus premios y también otras glorias, ya saben, sevillista.

Frente a la Giralda leen sus poemas. El público atiende sus mensajes. Sus poéticas calan. Lo abstracto se une a lo concreto y la cosmovisión conjuga la lírica con lo próximo. Distintas percepciones del mundo tienen cabida en la perfecta cabriola de la poesía. Es el milagro de la palabra.

Salimos. La Giralda nos acoge. A su espalda, la caravana sevillista sale de la catedral. Es la bulla y el jolgorio. Se oye el himno del Centenario. Sevillista seré hasta la muerte. Nos integramos en el grito y el asombro. Clic para la historia. Foto al canto. Renato, Kanouté, Navas, etc.

Pues sí, queridos lectores, uno puede sentir pasión por unos colores y amar la poesía. Todo es compatible. Hasta el amor y el odio.

Os perdono, queridos amigos, Aunque vuestro silencio cercenó compartir mi alegría. Ay Montes, Valentín, Chema, Quesada, Lomas, Sarria…

Os quiero, pero decir algo, coño, pues también esto es una buena noticia o una obra de teatro o una escalera de color o un tratado de Sartre o algo parecido a Valle Inclán o tan importante como ERES.

Venga, acudid a mí, os invito a una copa o a dos en Gran Vía, sagrado lugar, custodia del fútbol y liturgia del buen beber. Que sí, que os invito. Prometo no llevar el sombrero de Del Nido.

1 comentario:

  1. Riiiiinnnggg, riiiiinnnnnggggg.
    No puede ser... y yo pensando que eras del Málaga... Claro, así no hay mensaje de vuelta al felicitarte por la permanencia.
    Pues FELICIDADES (de segundas) hacé una semana por el Málaga (cruel despiste el mio) y hoy por el Sevilla, que ganar la copa de monarca no se hace todos los días, ni todos los años, ni todos los lustros... (vale, vale, 2006/07 fue vuestra).
    Yo, escritor de poesía y madridista (se puede, claro que se puede amar la poesía y saborear colores) esa noche fui colchonero, me cae tan mal el del sombrero... Aunque si llego a recordar tu blancura, me largo a Sevilla, total en AVE se tarda un suspiro, compro una bandera y la pongo en la terraza, aunque mis vecinos, casi todos colchoneros, me habrían dado una curra del trece.
    Pues lo dicho, amigo Pepe, FELICIDADES y a intentar ganar la próxima. Creo que en el 2110/11.

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