lunes, 10 de mayo de 2010

La perla


De todas las parábolas -esa forma de enseñar al pueblo con sencillos cuentos extraídos de la vida común- contenidas en los libros que parecen narrar los dichos y hechos de Jesús de Nazaret, existe una de gran contenido plural, o sea, aplicable a otras vivencias más allá de la estrictamente religiosa. El cuento, la parábola en cuestión, es la pequeña historia del mercader de perlas, el agente comercial ocupado en la compra y venta de las mismas que un día, pura chorra, se encuentra con la perla, y contento y entusiasmado vende todas las que tenía para adquirir la del hallazgo. El protagonista de los Evangelios compara esa (la) perla en particular con el Reino, tal vez sea más teológico decir Reinado de Dios.

En el campo del amor, este ejemplo es fácilmente comprendido por los que alguna vez se han enamorado, algo distinto a querer o cariño. Los que aman o han amado son una muy rara especie en riesgo de extinción. A veces los hombres y mujeres andan entretenidos en la búsqueda del otro u otra. Van encontrando en su camino la diversidad cultivada, a saber, un collar de perlas iguales. Un día, porque sí, no hay más explicación en estas cosas, se encuentra con otra u otro que no forma parte del collarín de hombres y mujeres iguales o fotocopiado/as, y todo se hace fiesta.

En otros campos, por ejemplo la poesía, nos entregan fotocopias de un mismo poema original, aunque con el tipo de letra ligeramente cambiado. Esos poemas pasan de largo, como una especie de silbo sin roce de hojas, de vida. En ese recorrido diario por la lectura poética, un día, también porque sí, un poema abre la intimidad de la puerta de la conmoción y se produce el milagro, la poesía.

En política es más difícil encontrar la perla, quizás porque la política tiene muy poco de poesía y nada de amor. Además, en la retranca se encuentran los otros mercaderes de la cosa política para hacernos ver que lo que parece relucir como perla verdadera es una vulgar perla cultivada, una más del clónico collar de la bisutería ramplona de escaparate.

Querido lector o lectora, a poco que usted escudriñe en los titulares de lo mediático, llegará a comprender lo vacuo de ellos. Nunca se encuentra en lo aparatoso la verdad, la vida, la perla o el amor. Todo ello yace escondido en la sencillez de la humildad.

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