viernes, 21 de mayo de 2010

En defensa del funcionario




Dicen las encuestas que la opinión pública está a favor del tijeretazo dado a la nómina mensual del funcionario. Y todo porque tienen un sueldo seguro que le permite dividir por treinta y amoldar su gasto al cociente resultante.

Como un servidor ha sido un triste funcionario docente durante toda lo que llevo de existencia, a excepción de los últimos cuatro años en que milito en el ejército de jubilados, no tengo más remedio que echar un cante a favor de los “odiados” compañeros en activo.

Lo primero sería dejar claro la diferencia que existe entre el funcionario y la legión de enchufados, paniaguados, primos, chupópteros, cuñados de los primos, que viven del cuento en las mil y una empresas públicas creadas por la clase política para refugio de los que no hincaron el codo y tartamudearon en pruebas orales ante aquellos tribunales habilitados para discernir la solvencia del opositor.

La primera oposición que realicé fue la de ingreso en el escalafón del Magisterio Nacional, consistente en unas pruebas escritas, orales y prácticas que realicé en Sevilla en una guerra a muerte por sacar una de las diecisiete plazas convocadas. Aprobé a la primera y a la primera, en una Escuela Unitaria de “El Cerro Blanco” de Dos Hermanas (Sevilla), experimente aquel dicho, hoy es pura anécdota, de pasar más hambre que un Maestro Escuela. Me largaron 670 pesetas (4 euros) para tirar y estirar el mes y aquella limosna nada más que daba para miseria, por lo que inicié aquello que se conocía como clases particulares, calderilla que venía bien para la compra de cigarrillos Ideales, todo un camelo.

Para cambiar de lugar, hice mis segundas oposiciones, llamadas “a plazas de más de 10.000 habitantes”. Creo que fue ahí donde el helicobacter comenzó a hacer de las suyas en el duodeno. En fín, que las gané y me trasladé a Melilla, mi tierra natal. Lo de las pelas ya había cambiado algo y, además, en la fenicia Rusaddir se cobraba algo más que en la península.

Como soy culillo de mal agüero, y eso lo demuestra mi corta pero densa vida política, oposité al Cuerpo Técnico de Directores Escolares, cuerpo finiquitado por Felipe González como en su día lo fuese la Colección de Poesía “Ancha del Carmen” por Miguel Briones que, con el Vº Bº de don Francisco de la Torre Prados, convirtió en negra noche la blanca colección poética.

Y aquí estoy, dividiendo todavía por treinta, tras pasar por Cártama y el histórico Grupo Bergamín.

Fui funcionario a secas, pero orgulloso de múltiples innovaciones pedagógicas. Eso sí, en silencio.

1 comentario: