viernes, 2 de abril de 2010

Mecer el tiempo


Un buen pan, una hogareña mecedora, una cálida oscuridad y una mítica chimenea. No hace falta más para pasar un reposado fin de semana que incluya Viernes y Sábado de Pasión. Ni siquiera -tan sólo por dos días, no más- un buen libro para acompañar el durmiente balanceo. Y si entre el chispear de las lenguas de fuego se divisa la silueta de la madre acurrucando a la niña nena, el milagro. Fuera del ajetreo de las procesiones, de las conversaciones pías -impías en realidad- de la llamada inoportuna, de la selva de lo urbano, de la rabiosa actualidad y de su análisis político. Y adentro, muy adentro de la intimidad y del alma del recuerdo, la nostalgia. Querer ser, aunque la piedra del ajetreo nos quiebre la inmortalidad del instante, es la meta, mejor, querer ser humano.

Nos pasa, me pasa, que en lugar de la mecedora deseamos el trono, la noria o el tobogán del vértigo o, peor aún, la tupida tela de araña que nos envuelve y nos maniata. No somos capaces de cortar el hilo del que pende nuestra desgracia, el aparentar, el status, la baratija de la falsa felicidad. Pararnos un par de días para después seguir es un buen ejercicio. No se trata de permanecer estáticos o cincelados por el consumo, no es eso, de lo que se trata es de dejarnos mecer por la digestión del pasado y vivir el crepitar de la nana que clama por la paz y el auténtico amor.

Si hoy introdujera unas “negritas”, desaparecería la magia de la grata mecedura del tiempo. Sin más. Tal vez solamente se pueda conseguir cuando se vive hasta el mismo cansancio de existir.

Ayer fue, pero mañana se estropeará el destello. Me detendré a la vuelta, ay, para comprar la prensa y saber cosas. Y pulverizaré la mejor de las consagraciones, la de ser humano; para eso existimos.

Pero no caeré en la tentación. Detendré el tiempo y la mirada y colocaré los ojos al revés, para mirarme otra vez para adentro, pues tengo que conservar la visión de la noche, de la lumbre, del pan grande y de la mecedora.

Eso, mecerse a sí mismo, mecer el tiempo.

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