jueves, 8 de abril de 2010

Las mantas y los mantas del PP


Vaya por delante, ante posibles denuncias de Javier Arenas, que lo mucho o poco que hoy teclee en el maldito ordenador porta el virus de la presunción, o sea, nadie es culpable hasta que no se demuestre, pero el tufo que desprende buena parte de la cúpula del Partido Popular se está haciendo insoportable.

Bajo los pies de Rajoy se encuentra el senador popular Luis Bárcenas, quiero decir que ambos trabajan en el edificio central del PP, sito en la madrileña calle Génova. L.B., según los 50.000 folios instruidos para el caso Gürtel, es un auténtico polvorín que, en caso de estallar, se puede llevar por delante la masa cojonera de Mariano Rajoy, aunque para ello es necesario demostrar que L.B. es Luis Bárcenas.

La Mato, aquella señora que afirmaba que la chiquillería andaluza es analfabeta, y Javier Arenas, el eterno perdedor de Sevilla, están nerviosos con el troncho de folios según afirma hoy ECD; la primera porque no sé que apaño con un cochecito que, dicen las malas lenguas, financió El Bigotes, y Javier, porque algunos afirman que fue el hombre que situó a Vito Correa en la inmediaciones del PP. Quede claro que todo es presunto.

De la manta no se puede tirar, a lo más del carrillo de folios, y digo que de la manta nada de nada, porque consta que El Bigotes y sus compañeros han regalado mantas a porrillo a los papás y suegros de don Francisco Camps. Reconozco que regalar y aceptar una manta no debe ser delito, pero son de muy mal gusto ambos detalles, aunque lo peor es aceptar trajes como obsequios, hecho que en los tiempos del estraperlo era propio de los chulos de putas.

Por el Madrid de Esperanza Aguirre las aguas bajan pestilentes, ahí tienen a un tal Martín Vasco, ex diputado regional, al que las huestes de Vito Correa le pagaron la boda, la ruptura del virgo de la parienta en el Ritz, cuarenta viajes y un trío de buenos relojes, a la saga Galeote y algunos alcaldes del PP que eran vestidos de la cabeza a los pies.

Pero poder hay, miren sino los tres millones de euros que Jaume Matas ha colocado sobre la mesa judicial para evitar su entrada en el trullo. Y hasta en las estribaciones del valle del Guadalhorce, ahí donde el azahar se adelgaza, la primavera ha cambiado su aroma y todo comienza a oler de forma distinta.

Y Rajoy, mientras tanto, intenta aromatizar el ambiente con un silencio inexplicable.

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