miércoles, 7 de abril de 2010

La hucha del cerdito


Quién no ha tenido una hucha del cerdito y quién no la ha hecho añicos en un momento determinado. Casi nadie, me atrevería a decir. En vez de romperla, los más pillos introducíamos un cuchillo en su ranura y las pesetas o reales se deslizaban a través de su hoja y terminaban descansando en nuestras manos. Ello ocurría en los tiempos en que la hucha era de barro. Han pasado, pues, una pila de lustros.

La hucha del cerdo, o sea, sin diminutivo o mandanga, es hoy otra cosa bien diferente. Los presuntos Jaume y L.B. son buena muestra de lo que digo. Se ponen hasta aquí (estoy señalando mis cejas) a costa de birlar lo nuestro y bailar con el más feo, caso de el Bigotes y su jefe. Ay Dios, cuánto daría Aznar por borrar de la macroboda de El Escorial ese clic de Correa y compañía caminando por el suntuoso patio de marras.

A lo que iba, que si no me enrollo con los 50.000 folios del caso Gürtel. Pues bien, según datos que nunca sabré cómo se obtienen, la españolada ahorra un 25% de lo que cobra, claro es que para eso tiene que cobrar. El de Nazaret ordenó a sus pescadores: id y predicad. Zapatero dijo a los suyos: id y consumid. Y por lo que dicen los dichosos expertos, la ciudadanía, acojonada, también se puede poner acoñada para que no se enfaden las intrépidas feministas, le ha hecho la peseta al mejor estilo Aznar.

Aunque no me lo creo del todo, se asegura que las familias más o menos pudientes, o sea, las que su paga mensual llega a los 2.000 euros, ahorran, con cerdito o sin él, una cantidad cercana a los 500 machacantes europeos. Y digo que no me lo creo del todo, porque un servidor que existe en esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, y convive a caballo entre el barrio de la Trinidad y el Corte Inglés, observa como el personal sigue con un ritmo normalete de gastos.

Pero algo tiene que haber de cierto en esas pajas mentales de los expertos, porque Zapatero, que le ha cogido gustirrinín a la inminente subida del IVA, anda estudiando la forma de gravar con un nuevo impuesto los depósitos bancarios de los ahorradores, las huchas del cerdito.

Así las cosas, recomiendo a mi corta docena de lectores que pellizquen sus ahorros y disfruten lo más posible, pues al fin y al cabo, y bien pensado, esta vida es un simple tránsito a la eternidad.

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