viernes, 23 de abril de 2010

el pollo de Evo


Maldito seas, oh Evo Morales, por guillotinar todas mis ilusiones de que la calvicie que ostento con brillante pulcritud era debida a la testosterona, esa hormona androgénica producida en los mismísimos testículos.

Has tirado por tierra, oh Evo, esa utopía de nosotros los calvos de creernos más machos que el mítico Jorge Negrete. El hombre siempre busca y buscará un clavo al que agarrarse para no caer en el mayor de los ridículos y, ahora, llegas tú, investido de arrogancia y de abundante pelambrera, para anunciar a los cuatro vientos con tu crápula oratoria que nosotros los calvos, mi padre y hermano, lo somos a causa del pollo, de su muslamen, de su pechuga, de sus sabrosísimas alitas y de aquel pescuezo que se comía mi madre, pues siempre a las madres les gustaba más el gaznate del pollo que sus muslitos, ya sabes, oh Evo, cosas de madres.

De dónde sales, chulo de pelo y jersey que vale un huevo y la mitad del otro, a cargarte con un rebuzno toda la gama de menús del bien alado pollo, a saber, al horno, al curry, asado, al ajillo, a la cerveza, en salsa, en pepitoria, al limón, relleno, al chilindrón y en paella, y nos brinda tan sólo la posibilidad de saborearlo a lo zerolo.

De dónde vienes, machista andino, a predicar que calvos, tetudos y homosexuales somos los que nos acercamos, cada fin de semana, a la pollería del barrio para comprar medio pollo rociado en su propia salsa. No caes en la cuenta, oh Evo de mierda, que este sábado, Dios mediante, cuando vaya a por mi medio del alma lo haré con suma delicadeza y como con un susurro, para que no entere el vecino del quinto, solicitaré de Antonio el dependiente un pollo que no sea homosexual.

Mas cómo saberlo, oh Evo, dímelo tú que estás empollado en la materia. Qué hacer, tal vez escudriñar en su culo, una de las partes más sabrosas y menos conocidas del pollo.

Mira Evo, por esta tierra de María Santísima hemos pasado del pollo de corral al transgénico y del pollo pera al niño pijo, pero tú, sin más, eres un pájaro de mucho cuidado, ni siquiera un pollo.

2 comentarios:

  1. Magnífica columna, amigo Pepe.
    Tener a un presiden tan, tan... no sé como calificar a este pajarraco... ¿inculto?

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