martes, 13 de abril de 2010

Crisis de divorcios


Aquel dicho de “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” o aquel otro de estar unidos “”en la pobreza o riqueza” han pasado, en parte, a la prehistoria. Las parejas, también los matrimonios, no soportan los “rulos” y/o “palominos” de la levantada y, puesta en escena la “tolerancia cero”, dejan al otro o a la otra en menos de un periquete con tres palmos de narices.

El amor, ese efímero acontecimiento que va y viene a la velocidad del rayo, no deja paso al cariño, el sedimento de la tolerancia, y así al primer flechazo que aparece a la vuelta de la esquina si te vi no me acuerdo. Somos modernos, y de aquello que se decía antaño de “tú eres mi vida”, hemos pasado en un santiamén a “tú eres mi cruz”.

Ni tanto ni tan calvo, pero puestos a elegir, habría que optar por lo primero y saber aguantar al otro o a la otra las mil y una cosas que acontecen en un recinto de unos setenta metros cuadrados, pero que va, el personal ha pasado a una serie de la latiguillos como “no nos comprendemos”, y ya ven que Pessoa, mi escritor preferido, afirmaba aquello de: “el que me comprende, me prostituye”.

Pues bien, el divorció, incluido el express, ha entrado en picado ante la crisis que nos envuelve. Divorciarse lleva consigo una serie de gastos al que no todas las parejas desavenidas pueden hacer frente: el pequeño y traumático juicio, los gastos de abogado, la búsqueda por uno de los ex cónyuges de un piso de apaño, la calderilla de que te planchen los pantalones, los hijos, la paga, las pagas, el mercadeo de los bienes inmuebles y la otra o el otro que te está esperando para que vuelvas a caer en el mismo error, quiero decir, volver a casarte o emparejarte hasta que el aburrimiento, bostezar tres veces por hora, brote de nuevo.

Pues bien la plaga de la crisis económica se ha convertido en un nuevo maná para que la persona no vuelva tropezar dos veces en el mismo error, en casarse, y, según los estudiosos del tema, los malagueños, incluidas las malagueñas, han aminorado sus deseos de vivir nuevas aventuras, de tal manera que más de nueve mil parejas, respecto al año 2008, prueban a seguir malviviendo en el infierno de intentar tolerarse ante los gastos económicos que supondría el amanecer de una nueva felicidad.

La pela es la pela, bastante más que los consejos y sermones que se reparten a doquier ante un posible divorcio.

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