lunes, 22 de marzo de 2010

La magia de la conversación


Algo cansados, tras proclamar a Rafael Ballesteros y Juan Cobos como galardonados con los Premios de la Crítica de Andalucía 2009 en las modalidades de narrativa y poesía, y después de haber almorzado y cenado espléndidas berzas y carrilladas en el restaurante La Fonda de Arcos de la Frontera y haber soportado estoicamente dos Asambleas, ordinaria y extraordinaria de la Asociación de Críticos, el ejército de escritores y poetas, desfallecido del trabajo realizado, marchó al catre, como mejor pudo, subiendo con parsimonia las bellísimas y asesinas cuestas de La Peña.

Quedamos los de siempre, los que apuestan por el demonio, a saber: el flamante reelegido Presidente de los Críticos del Sur, Morales Lomas, el autor de la gran catedral poética de la segunda mitad del siglo XX, “Sagrada Forma”, Antonio Hernández, ese seductor de la palabra oral y mago de la escrita, el ángel de Guadix, Antonio Enrique, dos concejalas socialistas, Ana e Isabel, Acción Social y Cultura, peligrosa intersección de conjuntos de osadía y timidez, y quien estas líneas escribe, cronista oficial de todos los infiernos y cielos que creen vivir los “humildes” poetas.

Encaminamos nuestras siluetas hacia el mágico ensamblaje de cubos de hielo y alcohol en sus distintos matices, a saber, pampero, ginebra, güisqui y bailey, y reposando las “palizas” dialécticas con las que empluman en manducas más o menos oficiales, dimos paso al río de la conversación grata, la que consigue bascular el bajo vientre en ese alegre vaivén donde la risa, ay la risa, y su prima hermana la sonrisa, ay la sonrisa, alivia toda la caspa recogida con anterioridad.

Para ello, nadie como Antonio Enrique, “el discípulo amado” por todos y todas los que consideran que aquí, al infierno llamado tierra, se viene para lograr convertirlo en cielo. El de Guadix leía con exquisito mimo las manos de Ana e Isabel, punteaba los extraños caracteres y montículos que él conoce perfectamente y siguiendo los afluentes de las marcas de la líneas, iba diseñando y mostrando la energía e íntimos secretos de ellas.

Un espectáculo ver como el sol iluminaba a la noche, comprobar como el cansancio era superado por la energía de la conversación, intuir que ser feliz es cuestión de querer serlo y comprobar que la plaza del asombro es el lugar donde mejor se puede echar un inolvidable rato.

El asombro, esa facultad propia de niños, la pusimos en práctica cuatro escritores y dos bellas ediles. Y creímos en nosotros. Para qué más fe.

1 comentario:

  1. Pepe:

    Ahora que “se las va pirando” la nube que me ha mantenido adormilado mentalmente (gilipollas perdido) desde que ayer, domingo noche, llegué a mis verdaderos aposentos desde los de cúpula aragonesa, leo tu artículo y me pregunto afirmando… ¡¿cómo son estas gentes de letra y tinta?¡ siempre dispuestos a darle al verso y copa (quiero decir copla).

    Un abrazote.

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