domingo, 14 de marzo de 2010

La bicoca del Senado


Todos los partidos políticos hablan y hablan de reformar la pomposa Cámara Alta, el Senado del Reino de España, pero transcurren las legislaturas y sigue vacía de contenido y repleta de desconocidos parlamentarios que no hacen ni el huevo.

El Senado es un cómodo lugar donde pasar desapercibido, vivir el presente con cierta comodidad e ir construyendo sin grandes sobresaltos la manduca en tiempos de crisis. Afirma la Constitución que el Senado es la Cámara de representación territorial, pero no es cierto. Fíjense en el dato, aparte de una minucia parlamentaria que las Comunidades Autónomas aportan al mismo, son las provincias las que nutren el cuerpo técnico de senadores, pues son cuatro senadores por provincia los destinados a vivir en el País de Las Maravillas.

Igual da que sea Madrid o Segovia, Málaga o Almería, Barcelona o Gerona, todas ellas y el resto es medido por el mismo rasero. Lo de la población es lo de menos y también el territorio, lo único que vale es el mojón de carretera que nos indica la linde de una provincia con otra.

El Senado es la Cámara de segunda lectura, para entendernos digamos que relee las leyes importantes del Congreso y según relean sus señorías pueden enmendar, aunque las posibles enmiendas son rayas en el agua, ya que tienen que ser devueltas a la Cámara Baja y los componentes de ésta, sus señorías los Diputados, vuelven, por regla general, a poner las cosas como estaban, o sea, se ciscan en el trabajo de sus compañeros.

Dado que últimamente los clic de los reporteros y las penurias de la crisis han puesto al descubierto la apatía currante de sus señorías y, para más inri, que su calendario laboral les otorga cerca de cuatro meses de vacaciones, los excelentísimos señores Bono y Rojo, presidentes del Congreso y Senado, están estudiando la forma de lavar la imagen laboral de sus discípulos de aula.

A tal fin, el mandamás del Senado, a través de los portavoces de los grupos parlamentarios, ha decidido que los meses de enero y julio sean tiempos de ir al tajo.

Sin embargo, ocurre que como no terminen los senadores y senadoras del Reino por cascársela, es un decir, poco tienen que hacer.

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