lunes, 29 de marzo de 2010

El Gran Circo


Con respecto a “los dichos y hechos” -evangelios- que narran las andanzas de Jesús de Nazaret, existen tres posibilidades: o bien creer su contenido al pie de la letra o creerse aquello que interese o saltárselos olímpicamente. En el primero de los casos, pueden encontrase en este mundo no más de diez personas; una gran masa giraría alrededor de posibles salpicaduras evangélicas; y otros muchos, no me refiero a creyentes de otras religiones monoteístas, viven como si Jesús no hubiese existido, y a lo mejor es así, cualquiera sabe.

Para los más, la Iglesia, en este caso la católica, es la que ha puesto en orden todo el legado proveniente del nacido en Belén. Es ella la que interpreta y revela, mediante el Catecismo y las encíclicas papales, lo que hay o no hay que creer. Y realiza esa función apoyándose en la siguiente cita evangélica: “Tú eres Pedro, piedra, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y todo lo que tú ates en la tierra en el cielo será atado…”

Y así, por ejemplo, la Iglesia tiene un Credo particular que sus fieles repiten en Eucaristías y/o Misas: “Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra, de todo lo visible e invisible…”, credo que, desde luego, nada tiene que ver con aquél que parecía asumir el principal protagonista de los Evangelios, me refiero al que dicen que dictó en el llamado Sermón de la Bienaventuranzas: “… bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia…”

Así las cosas y los casos, nos encontramos durante estos días con la Semana Santa, Mayor o de Pasión, en la que se rinde culto al Sufrimiento y Muerte del Hombre que plantó cara a los poderes teocráticos del Gran Sanedrín y sus Sumos Pontífices, los cuales se rasgaron sus vestiduras y lo proclamaron blasfemo, por tanto, condenado a muerte, sentencia que fue ejecutada por el poder civil.

La Semana Santa se ha convertido en el Gran Circo de la Iglesia Católica, término que no debe tomarse como peyorativo, ya que posee todos los ingredientes positivos del concepto circense, pues en ella, en la Semana Santa, se ensamblan luz, tiniebla, color, arte, lujo, prestidigitación, música y bombo, demasiado bombo tal vez.

1 comentario:

  1. ... y sigo, si me lo permites:
    aplausos cuando el telón (puerta de cada iglesia) desciende y sale el jefe de pista indicando que se terminó la función, que los ilusionistas o ilusionados, los domadores o dominadores, las barbudas o forzudos y, siempre, los payasos de capirote, se guardan hasta la próxima muerte.
    ¡Ojo! cuando escribo "payasos" me refiero a aritistas con traje, ademanes, dichos y gestos apropiados, dejando en el cajón de los olvidos la palabra "gracioso".

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