martes, 2 de febrero de 2010

Noche del Carmen


Los pinos plenos de envidia
cuando nos vieron de lejos
robarnos entre los saues
el alma con nuestros besos.
Suave semilla de lumbre
agazapada en tu cuerpo
esperando un soplo anciano
para convertirse en fuego.
Puso la noche el rocío
y yo en tu nuca mi aliento
y una ráfaga de estrellas
desató tu pelo negro.
Lloró sangre la columna
donde descansan los tiempos
y una bandada de lámparas
encendió mi ser entero.
Mi pecho entre los tuyos,
mis labios besando cielo,
la luna roja de asombro
celosa del celo nuestro.
Noche del Carmen ardiente
desde el monte descendieron
limones por la ladera
buscando aromas de sueño.

3 comentarios:

  1. Celosa la luna del celo, y celosos los lectores de este poema y de su autor...(en el buen sentido siempre).
    Sencillo, directo a los sentidos. Todo un regalo hecho palabra! Un poema magnífico, gracias por compartirlo...

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  2. Daros las gracias, que no otra cosa puedo decir.

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