miércoles, 3 de febrero de 2010

John Felipe Romero Meneses



En las proximidades de la base militar española establecida en Qala e Now (Afganistán) ha sido asesinado John Felipe Romero Meneses, de nacionalidad colombiana y soldado español. Seis soldados más han sufrido heridas más o menos graves.
Una mina hizo estallar el endeble blindado BMR que nuestro gobierno usa para transporte de las fuerzas militares. El resto del convoy utilizó sus armas contra los atacantes y, en ese trasiego mortal, tres taliban fueron abatidos por las balas de nuestros soldados.
Ignoro si John Felipe Romero Meneses se alistó en el ejército profesional de España por penurias económicas, por amor a nuestra patria, por afán aventurero o por enviar unos euros a su familia residente en Colombia. También ignoro si John “cogió su fusil” para una misión de paz o para una de guerra.
Carme Chacón, ministra de Defensa, a instancia del presidente Zapatero, sigue predicando que nuestra misión es de paz y reconstrucción en la lejana, peligrosa e imbatible Afganistán, pero encima del ataúd de John Felipe Romero Meneses, chaval de algo más de veinte años, el Príncipe de Asturias Felipe de Borbón ha colocado la Cruz al Mérito Militar con distintivo rojo que se concede a militares muertos en conflicto armado o en operaciones militares que impliquen o puedan implicar el uso de la fuerza armada, o sea, estamos en guerra, pero si ese término no agrada a los delicados oídos de nuestros gobernantes, digamos la siguiente estupidez: estamos en paz ante unos insurgentes que se encuentran en guerra ante la invasión, por mandato de la funcionarial ONU, de esas tierras donde se matan entre sí los “señores de la guerra”, los taliban y los hombres de Osama Bin Laden.
Un nuevo Vietnam asoma por Afganistán. Se anuncian posibles acuerdos de EEUU con los taliban moderados, a los que hay que dejarles, valga la expresión, vivir a su aire y con su ley. No nosotros, sino ellos, me refiero a los soldados españoles, deben andar con sumo cuidado pues un pisotón mal dado equivale a una mina que estalla, a una vida que desaparece y a una cruz con distintivo rojo.
Zapatero, nuestro presidente, no ha podido asistir, por motivos de agenda, al último adiós a John, pero hoy estará presente en un extraño desayuno de tres mil quinientas personas reunidas en torno a las palabras “oración” y “Dios”, un extraño lobby que hace del cristianismo un prostíbulo de poder, dinero y falso prestigio.
Zapatero asiste como “key speaker”, o sea, de estrella; nunca debió hacerlo.


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