lunes, 22 de febrero de 2010

Gracias


Hacía la maleta.
Junto a un libro de Pessoa
las camisas ocupaban su sitio
en el silencio de sus arrugas.
El teléfono de la 3 38
quebró el mutismo reinante;
el ala este del monasterio
percibió la ternura
(la muerte gris del granito
rozó el color rosa en su sombra).
Una brisa de misericordia
acarició mi oído.
Detuviste tu viaje
marcaste un número
y fui feliz un instante.
Gracias.

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