lunes, 15 de febrero de 2010

GARZÓN Y EL MOVIMIENTO NACIONAL


Desde luego que no llegaba a los veinte años de edad, debían ser dieciocho los abriles que poseía cuando arrodillado ante un crucifijo en el despacho del alcalde de Dos Hermanas juraba los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional. Portaba el alcalde camisa azul mahón, cinturón negro y blanca chaqueta. No recuerdo el nombre y apellidos del regidor de la villa, pero sí que mi perro pastor alemán se llamaba “Curro”, nombre con el que lo bauticé porque así llamaban al señor alcalde y Jefe Local del Movimiento Nacional. Corría el año 54 del pasado siglo y era el día de mi toma de posesión como Maestro Nacional del Grupo Escolar “Calvo Sotelo” de la villa nazarena.

Y es que por aquel entonces todos los funcionarios jurábamos, nada de promesas, dicho Principios, ya que en caso contrario nos jugábamos las consabidas habichuelas. Un simple rastreo por todos y cada uno de los habitáculos de España, incluimos Euskadi y Catalunya, nos llevaría al encuentro de cientos de miles de Títulos Profesionales de toda clase y especie en el que en el orlado papiro se lee: “Su Excelencia el Jefe del Estado Español y en su nombre el Ministro…”. En todos, eh, en todos, podríamos incluir a Felipe González, Alfonso Guerra, Montilla no, Rajoy, Aznar, Herrero Rodríguez y de Miñón etc. No podemos ni debemos olvidar que S. M. el Rey Juan Carlos I juró delante de las Cortes Generales acatamiento y sumisión a dichos Principios Fundamentales del Movimiento Nacional.

Pues bien, los amigos y amigas del juez Baltasar Garzón, ante los presuntos delitos de prevaricación y cohecho a que se encuentra sometido, andan solicitando que ciertos magistrados inmersos en el proceso sean retirados del caso por haber jurado lo que yo juré en el año 1954.

Siendo Diputado Constituyente tuve la gran oportunidad histórica de votar la Ley de Amnistía de octubre de 1977 en cuyo artículo II, apartado a) se lee, que quedarán amnistiados: “Los delitos de rebelión y sedición, así como los delitos y faltas cometidos con ocasión o motivo de ella, tipificados en el Código de Justicia Militar,”, y esa ley, democrática por supuesto, el juez Garzón, bachiller que fue en 1974, o sea, viviendo el dictador Franco, se la pasado por sus partes íntimas.

Así somos, o así pretenden algunos que seamos: irreconciliables.

1 comentario:

  1. Y eso que tiene narices que sea la nieta de Negrín quien haya instigado la feliz idea de que esos magistrados sean retirados.

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