jueves, 4 de febrero de 2010

Cede la noche azul


Cede la noche azul, de madrugada
ando por entre arenas que dormitan,
todos los juncos de las dunas gritan
siseos de presencia alborozada.

La mar siente cercana la alborada,
sus ramas plateadas no se agitan
y de su espacio las gaviotas quitan
los negros velos de la noche ajada.

Eucaristía rosa, sacramento,
manifiesto de Dios que yo presiento
por levante levanta su grandeza

y los cielos se colman de armonía.
Azul y blanco nace el nuevo día.
Qué lejana la noche, que tristeza.

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