sábado, 23 de enero de 2010

A propósito de inmigrantes


El tema de los inmigrantes, a partir de los sucesos del Ayuntamiento de Vic, va soltando tinta y palabras a porrillo, y uno, lógicamente, comienza a interesarse por el tema.

Existen dos leyes en España que podrían tildarse de incompatibles, la de Bases de Régimen Local y la de Extranjería. Al igual que existen dos tipos de inmigrantes, los legales y los irregulares o sin papeles. Vaya por delante que tocar temas como éste es arriesgado, pues a la primera metedura de pata en las palabras escritas me viene el vecino del quinto y me larga que soy un xenófobo de mucho cuidado y el del cuarto puede decirme que me comporto como un trasgresor de leyes.

La Ley de Bases de Régimen Local obliga a los ayuntamientos a empadronar a todos y cada uno de los inmigrantes, sean estos legales o sin papeles y la Ley de Extranjería decreta “empapelar” a los sin papeles y expulsarlos a sus países de origen. Esta incongruencia o falta de lógica por parte de nuestros legisladores es imperdonable.

La abogacía del Estado ha informado que todos deben ser censados, y ello aunque no tengan domicilio. Y rápidamente un sindicato de policía ha solicitado al Gobierno el acceso a los censos para escudriñar en el mismo a fin de detener a aquellos sin papeles y ejecutar lo que tipifica la Ley de Extranjería.

En tiempos de bonanza, cuando el gran catador de vinos, el ex ministro de Trabajo Jesús Caldera, vino a decir que “barra libre” para todos aquellos inmigrantes que quisieran currar la gran avalancha fue como un maná que permitía a los españoles no trabajar en nada que pudiera ocasionarles una lumbalgia, y de aquellos polvos vienen estos lodos, porque ahora, instalados en una crisis de envergadura los ex albañiles y demás desean doblar el espinazo para recoger fresas o aceitunas.

Por otro lado, los Ayuntamientos están tiesos y las santas ubres de los gobiernos, sean central o periféricos, no dan la Puleva suficiente para ir tirando y los sin papeles que son humanos tienen las mismas necesidades básicas que usted y yo, aunque se conformen con menos.

Qué hacer, me pregunto. Y no tengo ni puñetera idea, pues no se trata de que al menos tengan sanidad y educación gratis, derechos esenciales de los que nadie debe ser privado, sino que también están la manduca y la vivienda. Y esto último, hoy por hoy es hartamente difícil de conseguir con Alianza o sin Alianza de Civilizaciones.

No quiero pensar que todo se deba al hecho de que al empadronarse los sin papeles tengan derecho al voto en la elecciones municipales y puedan cambiar el signo político de algunas ciudades o pueblos.

No quiero creer que los políticos puedan caer tan bajo.

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