miércoles, 20 de enero de 2010

Loa a la chuleta


La primera misión que tiene un preso es intentar escapar de la cárcel y el primer deber del funcionario de prisiones es que no lo consiga. Llegando a un límite extremo, extremoso diría un servidor, la primera tarea que tiene un desgraciado contribuyente es escapar de las fauces de un señor inspector de Hacienda y el primer deber de éste es que el fulano acoquine lo que le corresponde. Y así, podríamos seguir con numerosos ejemplos contradictorios entre sí, pero que clarifican la pequeña guerra de pillos frente a la jodida oficialidad.

Que duda cabe que un estudiante debe intentar, siempre que pueda, aprobar con el menor esfuerzo posible, de ahí proviene la utilidad de la llamada chuleta. Si un estudiante no ha intentado alguna vez, aunque sea de mentirijilla, rendir culto de latría a la chuleta es que nunca ha sido estudiante. Claro es que la primera misión del profe de turno es que el estudiantillo no le tome el pelo delante de sus propias narices y que todo el mundo se entere menos él.

Así pues, “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, aunque en este juego entre la pillería y la norma nunca se sabe con certeza quién juega a la divinidad y quién a la humanidad, aunque podríamos afirmar, ya vendrán los aprendices de teólogos a decir lo contrario, que lo humano es una tensión a lo divino, y no a la viceversa, y por tanto el que engaña a lo reglamentado realiza de hecho un milagro.

Pues bien, ahora nos vienen desde la Universidad de la ciudad que se basta así misma, Sevilla, a decirnos que si un profe trinca a un estudiante copia que te copia mediante chuletas hay que dejarlo seguir, constatar su examen y después, me imagino yo, ya veremos si aprobarlo o no.

Todo este embrollo que se traen los decanos de la universidad hispalense puede acarrear dos malditas consecuencias. La primera sería acabar con la posibilidad de la ley del mayor esfuerzo que se esconde en el posible nuevo pacto educativo y la segunda, más trágica si cabe, acabar con la dignidad del estudiante, o sea, con esa virtud no especificada en el código educativo de engañar al profe siempre que sea posible.

Por tanto, pongamos las cosas en su lugar correspondiente, quiero decir alabanza a la siempre bendita chuleta con todo el riesgo que ello conlleva, porque sin tembleque la chuleta es como una paja a puerta cerrada en un cuarto de baño.

1 comentario:

  1. Pepe, he venido a leerte con servilleta prendida y manos limpitas porque ¡coñe! titulas chuleta y yo, con esto de la dieta por necesidad y casi por obligación, había pensado en ese lechalcillo tierno que en la buena mesa hace verso.
    Como veo que se trata, como bien dices, de esa norma de estudiante de cocinarse las escritas (ahora resulta que son escuchadas a través de aparatos que dejan el romaticismo de lado) lo mismo al que se comen es al profe...

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