domingo, 10 de enero de 2010

La amenaza de Alfredo Taján


La simple lectura de este copo puede dar lugar a equívocos, porque vaya por delante, para aclarar malos entendidos, que Alfredo Taján, como persona, no supone ninguna amenaza para nadie. Todos los que nos dedicamos a malvivir en el mundillo de las letras, auténtica selva repleta de follajes de tribus, sabemos de su bonhomía y saber estar, de su placidez como bello estanque dorado por el que transitan los cisnes del orbe literario, de su ayuda a los amigos más necesitados, de su objetividad a la hora de llamar a la lisonja de los denarios oficiales a los escritores más rebeldes, de la prudente obediencia a su jefe superior inmediato Miguel Briones, Delegado Municipal del Cultura, de su desmesurado celo a la hora de hacer realidad la Dirección General del Libro, cargo que ostenta, otorgando el visto bueno a la liquidación de la Colección de Poesía “Ancha del Carmen”, la peor de la colecciones editadas en Málaga según afirmación del poeta Jesús Aguado.

No es, pues, Alfredo Tajan una amenaza personal para nadie, pues a lo sumo -yo soy testigo-, ante un deseo que él cree podría hacer realidad con suma facilidad, coge una pequeña rabieta y da una patadita, como niño mimado, en el suelo, y se acabó su disgusto.

Alfredo Taján es un ser ilustrado que transita bien en la narrativa, donde llegó a ser galardonado con Premio Café de Gijón por una de sus novelas. Y esa virtud de ser ilustrado la vierte también en su corta obra poética, lo que determina que el lector abra los ojos, tome una lupa, ordene silencio a norte y sur para que nada distraiga la percepción de los que quiere decirnos su poética. Y es que la poesía de Taján no es una lírica para ser leída en alta voz o recitada, sino para ser pasmosamente digerida tras horas y horas de lectura.

Pues bien, leo que Alfredo Taján nos amenaza, y de ahí el nombre de este copo con la publicación de NAUMAQUIA (ya el título lo dice todo) y como yo leo lo que me echen, he recogido de mi revuelta biblioteca algún poema de Alfredo para ponerme en forma, y con mimo, para que ustedes lo saboreen, les transcribo éste que forma parte del libro “La ciudad del limbo”.

Dice así: “Tan lejana geografía que parece distanciada/ de la jungla y está cerca./ Puerto fantasma de hielo: negras pupilas expulsan/ allí el residuo nocturno./ En la dársena incendiada no hay ninguna voz que anuncie:/ salitre todo se muestra./ Paralizado y dispuesto, desesperado y en fuga:/ inquietos son los selacios./ Enceguecida Andrómeda/ como espía abisal/ recibe y presto bate/ esa extensión de sodio.”

Caerán en la cuenta del porqué del título de esta cariñosa columna. Y es que en la poesía de Alfredo Taján, el fondo y la forma, los sencillo y lo profundo, el ritmo y la musicalidad, el mito y la realidad, hacen posible el milagro de entender a la primera de cambio su fértil escritura.

Y quedamos embelesados

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