viernes, 8 de enero de 2010

El montillazo



Afirman los expertos que la sentencia del Estatuto que tiene que realizar el Tribunal Constitucional está a punto de hacerse pública, tal vez sea cierto y el “lobo” aparezca en esta ocasión. Los mismos expertos vaticinan que el fallo puede dejar en la cuneta algunos puntos fundamentales del Estatuto aprobado por el Parlament, Congreso, Senado y refrendado por la ciudadanía catalana. Vaya usted a saber si es cierto, aunque tiempo, más de tres años de deliberaciones, hacen suponer que tan alta magistratura debe descapullar de una puñetera vez, para bien o para mal, ese tinglado que montaron entre Artur Mas y Rodríguez Zapatero.

Mientras la siesta sigue su parsimonia, los catalanistas, tal vez también los catalanes, van tomando posturas anticonstitucionales y algún gallego, caso de José Blanco, ministro y todo, afirma que el culpable de lo que ocurra, sea lo que sea, es del Partido Popular, aunque hay que agradecerle que en esta ocasión no haya culpabilizado a Bush.

Por ejemplo Laporta, el presidente del Barça, ha afirmado que ni siquiera una coma puede desprenderse del articulado que aprobó el Congreso de los Diputados, y va el hombre con su antorcha buscado adeptos ante el posible martirologio de Cataluña, varios periódicos catalanes largaron un editorial de “pensamiento único” para hacer valer la defensa del ya manido Estatuto y por último, José Montilla, el honorable Presidente de la Generalitat, ha enviado una carta a 201 entidades para que estén alertas ante la ya inminente sentencia.

En ella, en la misiva, el cordobés Montilla alude a la necesidad de dar “una respuesta política y cívica, clara y unitaria” si el Constitucional acuña una mínima peseta al Estatuto, o sea, que vamos, más o menos, a una guerra estilo Gila.

Lo que olvida Montilla, que lo haga Laporta es intranscendente, es que él y la entidad que preside, al igual que el Congreso de los Diputados y el Parlamento de Cataluña forman parte del Estado español y que el Tribunal Constitucional, que también es Estado, es competente en resolver los conflictos de competencia entre el Estado y las Comunidades Autónomas.

“Jordi, tú tranquilo”, le dijo el Rey a Pujol en aquella larga y lejana tardenoche del 23-F. A Montilla, alguien, tal vez Zapatero, le debería decir: “Pepe, tú tranquilo y no te tires al monte”

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