jueves, 14 de enero de 2010

Chaves da estabilidad a la crisis


Manuel Chaves, “el bueno de Manolo” lo llama Paco Rosell, desde que se largó o largaron de Andalucía para tierras extrañas anda el hombre con su lazarillo Gaspar Zarrías intentando demostrar lo que ya demostró en Andalucía, que no sé muy bien lo que fue.

Las personas nos sentimos bien en el territorio estúpido en el que vivimos y conocemos, sea éste nuestra casita, el despacho o la cafetería de la esquina, pero en cuanto salimos del dominio que otorga la escritura de lo conocido andamos más despistados que “Adán en el día de la madre”, como dijera Gloria Fuertes.

Algo así le está ocurriendo a Chaves en esa rara Vicepresidencia 3ª del gobierno que durante seis meses va a intentar arreglar los bolsillos de los europeos. Y es que Manuel se encuentra ahora vendiendo el 2º Plan de España, perdón, Gobierno de España, con ceja de Zapatero.

Como el primero ha sido exitoso por cuanto se han arreglado aceras a punta de pala por todos los pueblos y ciudades de España, este segundo que emerge con sus brotes verdes de economía sostenible tienes tres metas ya definidas por el que fuese mandalotodo de Andalucía.

La primera de ellas es que todo dios juegue al pádel, una especie de tenis en pequeñito y cerrado en el que las paredes también juegan, valga la expresión. El personal se entretiene, suda como marrano, bebe agua como camello y se pone en forma.

La segunda de las medidas será la construcción de piscinas por todo el puzzle del territorio español. En planes como el que va presentando Chaves es donde se comprueba la inteligencia de un buen gobierno, o sea, pádel, sudor y piscina. Eso es imposible de mejorar.

La tercera medida es la leche, pues se van a gastar la pasta en arreglar nichos, velatorios, cementerios y cosas así. Y es que somos la hostia, pues a la vez que removemos tumbas por aquello de la memoria histórica, preparamos un descanso final, sostenible y duradero para aquellos ciudadanos que, no siendo amantes del pádel o de la piscina, no sean capaces de aguantar la ruina que se nos viene encima.

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